Gabriela colgó el teléfono y procesó la situación. La venta de la mansión Valdivia sería definitivamente un golpe significativo para Valeria. Respiró hondo, agarró su bolso y salió de la casa con paso decidido. En el banco, Gabriela se reunió con su gestor de cuenta, quien la ayudó a completar todos los trámites necesarios para la transferencia. Mientras firmaba los documentos, no podía evitar sentir una mezcla de emociones: satisfacción, esperanza y un leve temor por lo que vendría después. —La transferencia está completa, señora Del Río —anunció el gestor con una sonrisa profesional—. Los fondos deberían llegar a la cuenta de los Valdivia en unos momentos. —Gracias —respondió Gabriela, devolviéndole la sonrisa. Gabriela asintió y desvió la mirada. Desde una distancia prudente, observ

