Capítulo 5

1300 Words
Gabriela se plantó frente a Christopher con una determinación inquebrantable en sus ojos. La rabia ardía dentro de ella, alimentada por años de desprecio y traición. El rostro de Christopher se contorsionó con furia y frustración al escuchar las palabras de Gabriela. Sus ojos oscuros chispearon con ira mientras luchaba por contener la tormenta de emociones que amenazaba con desbordarse. —¡Basta, Gabriela! —exclamó con voz ronca, con tono lleno de indignación—. No puedes seguir difamando a mi familia de esta manera. Estás acusándonos de algo que no hemos hecho, y no puedo permitir que sigas adelante con estas mentiras delante de los demás inversionistas. Gabriela sostuvo su mirada con determinación, sin retroceder ante su arrebato de ira. —No son mentiras, Christopher —respondió con firmeza—. Tú sabes tan bien como yo lo que tu familia le hizo a la nuestra. No puedo permitir que salgan impunes por sus crímenes. Christopher soltó un gruñido de frustración, consciente del peligro que representaba la continua discusión en presencia de los inversionistas. Sabía que debía actuar con rapidez para contener la situación antes de que empeorara. Sin decir una palabra más, se acercó a Gabriela y la tomó del brazo, conduciéndola fuera de la sala de juntas con determinación. Gabriela se resistió ligeramente al principio, pero luego cedió, consciente de la necesidad de resolver el conflicto en privado. Los demás inversionistas observaron con curiosidad y sorpresa mientras Christopher y Gabriela abandonaban la sala, el eco de su discusión resonando en el aire. Era evidente que había tensiones entre ellos, tensiones que amenazaban con alterar el equilibrio delicado de la negociación. Una vez en el pasillo, Christopher soltó el brazo de Gabriela y se enfrentó a ella con una mirada severa en sus ojos. —Gabriela, necesitamos hablar —dijo con seriedad—. No puedo permitir que esto continúe. Necesitamos resolver nuestras diferencias de una manera que no ponga en peligro la reputación de nuestras familias. Gabriela lo miró con desconfianza, pero asintió en silencio, reconociendo la lógica en sus palabras. Sabía que debían abordar el asunto con cautela y diplomacia si querían evitar un escándalo mayor. Juntos, se dirigieron hacia el elevador. El elevador descendía con un zumbido constante, pero de repente, Christopher detuvo el ascensor a mitad de camino, haciendo que Gabriela se girara hacia él con sorpresa y confusión. —¿Qué estás haciendo, Christopher? —preguntó Gabriela con voz tensa, su corazón latió con fuerza en su pecho mientras la sensación de nerviosismo se apoderaba de ella. Christopher la miró con intensidad, con expresión dura mientras se interponía en su camino, impidiendo que pudiera alcanzar el panel de control del ascensor. —Tenemos que hablar, Gabriela —dijo con voz grave, cargado de seriedad y urgencia—. No podemos seguir ignorando lo que está sucediendo entre nosotros. Gabriela frunció el ceño, su mente tuvo pensamientos confusos mientras luchaba por comprender las intenciones de Christopher. —No hay nada que hablar —respondió con frialdad, tratando de mantener su compostura frente a su inesperada confrontación. Pero Christopher no se dejó intimidar, avanzando hacia ella con determinación hasta acorralarla contra la pared del elevador. Gabriela sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras se encontraba atrapada bajo su mirada penetrante. —Estás equivocada, Gabriela —dijo Christopher con suavidad, su aliento cálido rozando su rostro—. Hay mucho que hablar entre nosotros. Hay secretos que necesitamos compartir, heridas que necesitamos sanar. Gabriela se sintió abrumada por la proximidad de Christopher, por la intensidad de sus emociones compartidas. Su corazón latía con fuerza en su pecho mientras luchaba por mantenerse firme frente a él, frente a los recuerdos dolorosos que la abrumaban. Pero a pesar de su resistencia, Gabriela sabía que no podía negar la verdad de lo que sentía por Christopher, de la conexión profunda que aún existía entre ellos. Y en ese momento, en la quietud del ascensor detenido, Gabriela se dio cuenta de que el camino era mucho más complicado de lo que esperó, sobre todo, porque lo amaba, eso era algo que no podían ignorar. El aire se cargó con electricidad mientras Christopher y Gabriela permanecían atrapados en el estrecho espacio del ascensor detenido. Gabriela podía sentir la tensión palpable entre ellos, en una corriente invisible que la envolvía y la hacía temblar con anticipación. De repente, sin previo aviso, Christopher tomó el rostro de Gabriela entre sus manos y la atrajo hacia él, sus labios encontrando los de ella en un beso ardiente y apasionado. Gabriela se quedó sin aliento ante el repentino gesto, sus sentidos quedaron abrumados por la intensidad del contacto. Al principio, Gabriela sintió la urgencia de resistirse, de apartarse y poner fin al beso que amenazaba con desatar una tormenta de emociones indomables. Pero en lugar de eso, se encontró respondiendo al beso de Christopher con una pasión igualmente ferviente, sus labios buscando los suyos con desesperación y anhelo. Gabriela se sintió abrumada por la mezcla de emociones que la embargaba: el deseo, el amor, el anhelo se entrelazaban en un torbellino de sensaciones que la sumergían en un éxtasis indescriptible. Sus manos se aferraron instintivamente a los hombros de Christopher, buscando sostén en medio del vendaval de emociones que la sacudía. Christopher, por su parte, la envolvía con brazos fuertes y protectores, como si quisiera mantenerla cerca para siempre, como si temiera que desapareciera si la soltaba. Sus labios se movían con fervor contra los de Gabriela, explorando cada centímetro con una intensidad que dejaba claro el hambre y la pasión que sentía por ella. Finalmente, el beso llegó a su fin, dejando a Christopher y Gabriela jadeantes y sin aliento, sus frentes estaban aún pegadas mientras se miraban con ojos llenos de asombro. Tras el apasionado beso, Christopher apartó suavemente los labios de Gabriela, dejando un rastro de dulzura en el aire entre ellos. Sin embargo, en lugar de sumergirse en el éxtasis del momento, una frase escapó de los labios de Christopher, una frase que resonó en los oídos de Gabriela como una afrenta. —Lo siento, Gabriela —murmuró Christopher con voz dura—. Pero esto no cambia nada entre nosotros. Tú me perteneces, eres mi esposa. No permitiré que arrastres a mi familia en esto. El tono de sus palabras enfrió el aire, como si una ráfaga de viento helado hubiera cortado el ambiente cálido y cargado de emociones. Gabriela sintió una punzada de dolor y decepción en su pecho, una sensación de traición que la hizo retroceder un paso, alejándola de Christopher. Sus ojos se encontraron, y en ese instante, Gabriela vio la verdad desnuda en la mirada de Christopher. No había amor en sus ojos, solo un reflejo de la turbulenta historia que compartían, una historia marcada por el desamor y nada más. La decepción se transformó en furia dentro de Gabriela, una ira ardiente que la consumía desde adentro. Se dio cuenta de que Christopher nunca cambiaría, de que nunca sería capaz de darle el amor y la redención que tanto anhelaba. Y en ese momento, su determinación se fortaleció, su propósito se volvió más claro que nunca. —Gracias por recordármelo, Christopher —dijo Gabriela con voz gélida, manteniendo su mandíbula apretada con ferocidad—Nuestro pasado siempre estará ahí. Yo seguiré adelante, y haré lo que sea necesario para conseguir justicia por lo que nos han hecho. No me importa si eso te gusta o no... me tiene sin cuidado Con esas palabras, Gabriela se apartó de Christopher y con fuerte empujón lo hizo a un lado y presionó el botón del ascensor, continuando este su trayecto. Ya no había lugar para la duda ni la vacilación, solo la determinación implacable de hacer pagar a los Valdivia por sus crímenes, sin importar el costo.
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