Christopher se quedó inmóvil, con la súplica en sus ojos reflejada como un eco de sus palabras no dichas. Finalmente, rompió el silencio con un tono de voz bajo y tembloroso. —Gabriela, por favor, acepta mis besos —suplicó, su voz quebrándose con la desesperación—. Necesito demostrarte cuánto te amo, cuánto me arrepiento. Gabriela sintió un nudo en la garganta, su corazón latiendo desbocado. Nada deseaba más en ese momento que sentir los labios de Christopher sobre los suyos, pero sabía que ceder tan pronto sería un error. Debía mantenerse firme, debía protegerse. —No, Christopher —dijo con voz firme aunque su interior temblaba—. No puede ser así de fácil. No puedes esperar que todo se resuelva con un beso. Christopher asintió lentamente, el dolor en sus ojos evidente. Se separó de ell

