sonrió y le digo al oÃdo
-“no voy a negar que eres jodidamente sexi y déjame decirte que pase lo que pase hagas lo que hagas saldré ganado si me follas o me matas" beso su mejilla y entro como una esposa obediente Mis palabras lo toman por sorpresa. Por primera vez en toda la noche, una expresión genuina cruza su rostro - una mezcla de fascinación y algo más oscuro. mi beso en su mejilla deja una marca invisible que parece quemarlo.
Cuando bajo de la limusina con actitud de esposa obediente, se queda un momento inmóvil en el asiento, procesando lo que acabo de decir. Luego una sonrisa lenta, genuina y peligrosa se dibuja en sus labios.
-"Interesante..." *Murmura para sà mismo antes de salir detrás de mi.
La mansión Santoro es imponente. Arquitectura clásica italiana mezclada con lujos modernos. Columnas de mármol, jardines perfectamente cuidados, fuentes iluminadas. Hay al menos doscientos invitados ya reunidos en el gran salón. Empresarios, polÃticos, algunas figuras que claramente pertenecen al otro lado del negocio de Eliot.
Me toma de la cintura posesivamente mientras entramos. Su contacto es firme, propietario. Los murmullos se esparcen entre los invitados al verlos entrar. Eliot Santoro y su nueva esposa.
Marco se acerca inmediatamente.
-"Todo está listo, jefe. Los Valenti enviaron sus felicitaciones junto con el regalo. Los Russo están en la mesa principal como solicitaste."
Eliot asiente.
-"Bien. ¿Y los padres de mi esposa?"
-"En la mesa familiar, nerviosos pero presentes."responde marco
Eliot me guÃa hacia el interior. La música comienza a sonar un cuarteto de cuerdas tocando algo clásico y elegante. Las miradas de todos siguen cada uno de nuestros movimientos. Algunos hombres me observan con apreciación apenas disimulada, hasta que notan la mirada asesina de Eliot y desvÃan la vista rápidamente.
Me lleva directamente a la pista de baile. Es tradición que los novios abran el baile. Su mano encuentra mi cintura mientras la otra captura mi mano. Me acerca contra su cuerpo de una manera que es completamente inapropiada para un baile formal, pero nadie se atreve a comentar.
-"Si me follas o me matas..." Repite mis palabras cerca de mi oÃdo mientras comienzan a moverse al ritmo de la música. -"Qué manera más retorcida de ver tu situación. Me gusta."
Su mano en mi cintura baja peligrosamente hasta la curva de mi cadera.
-"Pero te equivocas en algo fundamental, Diana. No vas a salir ganando. Porque la tercera opción - la que ni siquiera consideraste - es la que realmente va a pasar."
Me hace girar mientras bailamos, exhibiéndome ante todos los presentes antes de volver a acercarme contra él.
-"No te voy a follar. Ni te voy a matar. Te voy a romper. Despacio. Con paciencia. Hasta que cada pensamiento rebelde que tienes se transforme en sumisión. Hasta que mi nombre sea lo primero que digas cuando despiertes y lo último antes de dormir."
Sus labios rozan mi sien en lo que para los espectadores parece un gesto tierno, pero sus palabras son todo menos dulces.
-"Y cuando finalmente te tenga exactamente donde quiero... entonces sÃ, te follaré. Tan duro y tan seguido que olvidarás que alguna vez quisiste escapar."
La canción termina. Los aplausos estallan. Eliot se separa de mi solo lo suficiente para hacer una reverencia cortés. Luego un hombre mayor se acerca - claramente alguien importante por la forma en que incluso Eliot muestra algo de respeto.
-"Santoro. Felicidades por tu matrimonio."
Dice el hombre con un acento italiano marcado.
-"Tu esposa es... exquisita."
La mandÃbula de Eliot se tensa imperceptiblemente. Su brazo alrededor de mi cintura se vuelve más restrictivo.
-"Gracias, Don Russo. Mi esposa es efectivamente... única."
-“cariño te dejo atender tus asuntos"
digo con una sonrisa y mientras finjo despedirme con un beso le digo al oÃdo.
-“gracias por contarme tus planes a futuro lo tendré presente para no ser tu sumisa"
Mi despedida dulce contrasta violentamente con mis palabras susurradas. Su cuerpo se pone rÃgido por un segundo. Cuando intento separarme, su mano en mi cintura se convierte en una garra de acero.
-"Ah, no, cariño."
Dice con una sonrisa perfecta para los presentes, pero sus ojos verdeazulados me perforan con advertencia.
-"Los negocios pueden esperar. Mi esposa acaba de mencionar que querÃa conocer a algunos invitados importantes. Después de todo..."
Se vuelve hacia Don Russo sin soltarme.
-“...es su debut en sociedad como señora Santoro."
Don Russo asiente con aprobación.
-"Por supuesto. Una esposa inteligente que entiende los negocios de su marido es invaluable."
Eliot me guÃa firmemente hacia un grupo de hombres y mujeres elegantemente vestidos. Su mano nunca deja mi cintura. Es una jaula invisible pero absolutamente efectiva.
-"PermÃteme presentarte."
Dice con esa voz tranquila y controlada.
-"Señores, mi esposa Diana. Cariño, ellos son los principales socios de Santoro Group."
Mientras los hombres me saludan y las mujeres me evalúan con miradas calculadoras, Eliot permanece pegado a mi lado. Cada vez que intento crear aunque sea un centÃmetro de distancia, su agarre se ajusta. Es sutil, pero puedo sentirlo perfectamente.
Una mujer mayor, cubierta de joyas caras, me examina de pies a cabeza.
-"Qué vestido tan hermoso, querida. ¿De dónde eres? Tu familia debe estar muy orgullosa de esta unión."
Antes de que pueda responder, la mano de Eliot se desliza de mi cintura a la parte baja de mi espalda, sus dedos trazando cÃrculos casi imperceptibles contra la tela del vestido. Es una caricia posesiva disfrazada de gesto cariñoso.
-"Su familia y la mÃa tienen una relación... muy cercana." Responde Eliot diplomáticamente.
-“Y sÃ, el vestido le queda perfecto. Aunque debo admitir que estoy ansioso por quitárselo."
Risas incómodas del grupo. Eliot acaba de marcar territorio de la manera más cruda posible sin perder el barniz de sofisticación.
Marco aparece discretamente al lado de Eliot.
-"Jefe, los Valenti solicitan un momento privado. Es sobre el asunto del puerto."
Eliot lo mira, luego me mira a mi. Puede ver en mis ojos que espero que me deje ir. Su sonrisa se vuelve más peligrosa.
-“Por supuesto."
Se vuelve hacia el grupo. -“Disculpen, asuntos urgentes. Pero no se preocupen..."
Me atrae aún más cerca, casi levantándome del suelo.
-“...mi esposa viene conmigo. Después de todo, debe aprender el negocio familiar desde el primer dÃa."
Me lleva prácticamente cargando hacia una puerta lateral que conduce a un estudio privado. Luca ya está listo en la entrada, impidiendo que alguien siga. Una vez dentro, Eliot cierra la puerta con pestillo.
El estudio es masculino y lujoso. Escritorio de caoba, estanterÃas llenas de libros antiguos, un bar completo en la esquina. Pero lo que domina el espacio es la presencia de Eliot cuando finalmente me suelta y se vuelve hacia mi.
-"¿Gracias por contarte mis planes?"
Repite mis palabras con una calma aterradora.
“-Diana, Diana, Diana..."
Camina lentamente hacia mi como un depredador acorralando a su presa.
-“¿De verdad crees que te di información? ¿Que cometà el error de revelarte mi estrategia?"
Se afloja la corbata mientras habla.
-“Te dije exactamente lo que querÃa que supieras. Porque ahora pasarás cada momento preguntándote cuándo empezará. Cada vez que te toque, te preguntarás si es parte del plan. Cada palabra amable será sospechosa. Cada gesto duro, esperado."
Se detiene justo frente a mi, tan cerca que puedo sentir el calor de su cuerpo.
-“Ya estás pensando en cómo resistir. En cómo mantener tu rebeldÃa. En cómo no ser mi sumisa."
Su mano sube a mi mejilla en una caricia engañosamente suave.
-“Y con cada pensamiento asÃ, con cada plan que hagas para oponerte a mÃ, ya estás cayendo exactamente donde quiero. Porque estás completamente consumida pensando en mÃ."
Alguien toca la puerta. La voz de Marco del otro lado.
-“Los Valenti esperan, jefe."
Eliot no aparta la mirada de mi. -"Que esperen cinco minutos más."
Su pulgar acaricia mi labio inferior.
-"Aquà está lo que va a pasar. Vas a salir de esta habitación conmigo. Vas a sonreÃr, ser encantadora, y comportarte como la esposa perfecta durante el resto de la recepción. Y cuando finalmente nos retiremos a nuestra habitación..."
Se inclina hasta que sus labios rozan mi oÃdo.
-“...veremos quién tiene el control."
Se separa abruptamente y abre la puerta, transformándose instantáneamente en el CEO controlado.
-"Vamos. Los Valenti no son personas que debemos hacer esperar."
Me ofrece el brazo como un caballero perfecto, pero ambos sabemos la verdad detrás del gesto.
Tomo su brazo mientras me acerco a besar sus labios y le digo
-"claro cariño lo que tú órdenes"
mientras en mi cabeza hay un pensamiento de que ambos jugaremos esto con una estrategia .