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1302 Words
Elio entrecerró los ojos ante mi pregunta, una mezcla de diversión y algo más oscuro cruzando su rostro. Su mano en mi espalda baja se deslizó posesivamente hasta mi cadera, manteniéndome firmemente contra él. -“¿Señor Santoro?" su voz salio ronca por el sueño, su acento italiano más pronunciado en la mañana. -“Anoche gritabas 'Eliot' mientras te hacía olvidar tu propio nombre, y ahora volvemos a las formalidades, tesoro" Se incorporó ligeramente, apoyándose en un codo para mirarme desde arriba. Su cabello oscuro estaba despeinado por primera vez desde que lo conocí, haciéndolo ver más joven, más accesible, aunque sus ojos seguían siendo igual de intensos. -“Y no." Declaró firmemente, su pulgar trazando círculos sobre mi piel desnuda. -“No vas a preparar el desayuno. Tengo personal para eso. Lo que vas a hacer es quedarte exactamente aquí, en esta cama, conmigo." Su otra mano tomo mi mentón, inclinando mi rostro hacia él con firmeza pero sin brusquedad. -“Además..." Continuó con una sonrisa peligrosa curvando sus labios.-“Después de anoche, después de lo que me hiciste con esa corbata, después de exigirme que admitiera que te pertenezco... ¿realmente crees que voy a dejarte salir de esta cama tan fácilmente?" Se inclinó para besar mi cuello, exactamente donde había dejado una marca la noche anterior. -“Cancelé todas mis reuniones matutinas." Murmuró contra mi piel. -“Algo que nunca hago. ¿Sabes lo que eso significa, piccola moglie?" Sus labios trazaron un camino lento hacia mi oído. -"Significa que tengo toda la mañana para dedicarte. Para explorarte. Para asegurarme de que cada centímetro de tu cuerpo recuerde exactamente a quién perteneces ahora." Su mano se deslizó entre ambos cuerpos con intención clara. -“Así que no, Diana. No vas a cocinar. No vas a levantarte. No vas a hacer nada excepto..." Sus dedos encontraron su objetivo, arrancándome un jadeo involuntario. -“Exactamente lo que tu esposo te ordene." La luz matutina de Nueva York bañaba el dormitorio, creando sombras y luces sobre los tatuajes oscuros de su pecho y brazos. Se veía como lo que era: peligroso, poderoso, y completamente enfocado en mi. -“Ahora..." Dijo con voz oscura mientras me volteaba suavemente de espaldas, posicionándose sobre mi.-“Buenos días, Señora Santoro. Espero que hayas descansado bien, porque lo que tengo planeado para ti esta mañana requiere... resistencia." Sus labios capturaron los mios en un beso que era parte promesa, parte advertencia un recordatorio de que aunque anoche logre tomar control momentáneamente, él seguía siendo el depredador y yo su presa elegida. -“Dime..." Susurró contra tus labios. -“¿Te duele? Sé honesta. Porque si no puedes soportar más, necesito saberlo ahora, antes de que pierda el control otra vez." Había algo casi vulnerable en esa pregunta como si realmente le importara mi respuesta, como si la idea de lastimarme más allá de lo placentero le molestara más de lo que estaba dispuesto a admitir. vuelvo a girarnos dejandolo debajo lo beso y le digo -“no señor Santoro pretende que su gente diga que se volvió holgazán por culpa de su esposa?eso no es correcto " Eliot se quedó completamente inmóvil cuando lo volteo, sus ojos verdeazulados dilatándose con sorpresa genuina. Por segunda vez en menos de doce horas, yo,su esposa lo había puesto de espaldas. Nadie más se había atrevido jamás. Pero en lugar de la furia que cualquiera esperaría, una sonrisa lenta y peligrosa se extendió por su rostro. -“¿Holgazán?"dijo con una voz baja y áspera, sus manos encontrando mis caderas con firmeza posesiva mientras me mantenía sentada a horcajadas sobre él. -“¿Mi pequeña esposa rebelde está preocupada por mi reputación?" Su pulgar trazó círculos sobre mi piel desnuda,sus ojos nunca dejaron de ver los míos. -“Primero..." Comenzó, su voz tomando ese tono frío y calculador que usaba en las salas de juntas. -“Soy Eliot Santoro. Construí un imperio antes de los treinta. Puedo cancelar reuniones matutinas cuando me plazca y,nadie, se atreverá a cuestionar mis decisiones. Se incorporó en un movimiento fluido, quedando sentado con mi cuerpo presionado contra el suyo, sus brazos rodeándome como cadenas de acero forradas de terciopelo. -“Segundo..." dijo mientras , mordia suavemente mi labio inferior.-“Si alguien fuera lo suficientemente estúpido como para sugerir que me volví blando por mi esposa, sería el último error que cometerían. Marco y Luca lo saben. Toda mi organización lo sabe." Una de sus manos se enredó en mi cabello, tirando suavemente para exponer mi cuello.* -“Y tercero..." Su voz bajó a un murmullo oscuro y peligroso. -“Anoche me hiciste admitir que te pertenezco. Me vendaste los ojos. Me quitaste el control. Y ahora, esta mañana, me volteas y te sientas encima de mí como si tuvieras derecho a darme órdenes." Sus dedos apretaron mi cadera con más fuerza. -“¿Sabes lo que eso me dice, tesoro?" Preguntó con una sonrisa depredadora. -“Me dice que mi esposa no entiende todavía las reglas de este matrimonio. Me dice que necesitas un recordatorio de exactamente quién manda aquí." En un movimiento rápido y fluido, me volteó de nuevo, aprisionándome bajo su cuerpo con mi espalda contra el colchón. Su peso me cubría completamente, sus manos capturando las mias y presionándolas sobre mi cabeza. -“Así que escúchame bien, Diana Santoro." Ordenó con voz de acero envuelta en seda. -“Si quiero quedarme en la cama con mi esposa toda la mañana, lo haré. Si quiero cancelar reuniones para follarte hasta que olvides cómo caminar, lo haré. Y si quiero ignorar el mundo entero para asegurarme de que cada centímetro de tu cuerpo lleve mis marcas..." Se inclinó hasta que sus labios casi tocaron los mios. -“Lo Haré." Puntualizó cada palabra con un roce de su cadera contra las mías . -“Porque puedo. Porque soy lo suficientemente poderoso para hacer exactamente lo que quiera, cuando quiera. Y ahora mismo, lo que quiero eres tú." Pero entonces, sorprendentemente,su expresión se suavizó apenas una fracción. -“Sin embargo..." Murmuró, besando mi frente con una ternura inesperada.-“El hecho de que te preocupe mi reputación, que pienses en cómo me percibe mi gente... eso es muy interesante, piccola moglie." Su pulgar acarició mi mejilla. -“¿Acaso la Señora Santoro está empezando a preocuparse por su esposo? ¿A pensar en él como algo más que el monstruo que la forzó a este matrimonio?" Había curiosidad genuina en su voz, mezclada con algo más oscuro esperanza, tal vez, aunque Eliot Santoro nunca admitiría algo tan vulnerable. -“Está bien." Decidió finalmente, liberando mis manos pero manteniéndome bajo su cuerpo. -“Si tanto te preocupa mi reputación, haremos esto: desayunaremos juntos. Luego te llevaré a mi oficina. Te sentarás en mis reuniones. Dejaremos que toda mi organización vea exactamente lo que la nueva Señora Santoro significa para mí." Sus ojos brillaron con algo posesivo y peligroso. -“Porque después de anoche, después de esta mañana... ya no puedo pretender que este matrimonio es solo negocios. Y si voy a estar obsesionado con mi esposa, entonces que todo Nueva York lo sepa." Se levantó de la cama en un movimiento fluido, completamente cómodo con su desnudez, los tatuajes oscuros visibles en toda su gloria en la luz matutina. -“Vístete." Ordenó, aunque su tono era más suave ahora. -“Pero ponte algo elegante. Hoy comenzarás oficialmente tu papel como mi esposa ante el mundo. Y tesoro..." Se volvió para mirarme con intensidad. -“Espero que estés lista. Porque lo que significa ser la Señora Santoro... todavía no tienes idea."
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