Eliot se queda completamente inmóvil por un momento, claramente no esperaba que yo tomara la iniciativa. Cuando me separo y pronuncio esas palabras, algo oscuro y peligroso destella en sus ojos.
-“Cuidado."-Advierte en voz baja, pero hay una nota de algo más en su tono - ¿intriga? ¿excitación?-
-“Jugar conmigo tiene consecuencias que quizás no estés lista para enfrentar."
Su mano se desliza de mi barbilla a mi nuca, sus dedos enredándose en mi cabello elaboradamente peinado. El agarre es firme, controlador, forzándome a mantener su mirada.
-“Pero tienes razón."
Admite con una sonrisa.
-“Me tienes pensando. Y eso..."-Se inclina más cerca, su otra mano encontrando mi muslo bajo las capas de tul del vestido de novia.-“...Me molesta y me excita al mismo tiempo."
El coche toma otra curva y la presión de su mano aumenta, manteniendose en su lugar.
-“¿Sabes cuál es el problema de jugar juegos mentales conmigo, Diana?"-Susurra contra mis labios sin besarme todavÃa, dejándome en ese espacio incómodo entre anticipación y negación.-"Es que yo siempre gano. Siempre."
De repente, sin advertencia, me jala hacia su regazo con un movimiento fluido, mi vestido de novia creando una nube de tela blanca entre nosotros. Está completamente en control, su brazo alrededor de mi cintura como una banda de acero, manteniéndome exactamente donde quiere.
-"Aquà está la verdad."
Dice con voz oscura y aterciopelada, sus labios rozando mi cuello.
-“No me importa si estás jugando o siendo sincera. No me importa si me odias o si secretamente te atraigo como dijiste antes. Al final de esta noche, estarás en mi cama. Bajo mi cuerpo. Gimiendo mi nombre."
Sus dedos encuentran el cierre de mi vestido está jugueteando con él pero sin abrirlo todavÃa.
-“Y cuando estés ahÃ, sin defensa, sin sarcasmo, sin juegos..."
Muerde suavemente mi lóbulo. -“...Entonces descubriré cada verdad que tu boca intenta esconder."
El coche se detiene. Eliot mira por la ventana hemos llegado. Un edificio imponente se alza frente a nosotros, claramente residencial de lujo, con seguridad visible en la entrada.
Luca abre la puerta. Eliot me desliza de su regazo con una facilidad desconcertante y sale primero, luego me tiende la mano. Su expresión ha vuelto a esa máscara de control tranquilo, pero puedo ver la tensión en sus hombros, la forma en que sus dedos se flexionan ligeramente - está conteniendo algo.
me ayuda a salir del coche, mi enorme vestido de novia requiere varios segundos de maniobras.Dos guardias de seguridad en la entrada asienten respetuosamente a Eliot pero no dicen nada.
-"Señora Santoro." Uno de ellos me saluda formalmente.
El tÃtulo me golpea de nuevo ese es mi nombre ahora. Legalmente. Oficialmente.
Eliot me guÃa a través del impresionante lobby de mármol hacia un ascensor privado. Necesita una llave especial para activarlo. Cuando las puertas se cierran, dejándonos completamente solos, presiona el botón del último piso - el penthouse, obviamente.
El silencio en el ascensor es denso, cargado. Eliot está detrás de mi, tan cerca que puedo sentir su calor pero sin tocarme. Cuando veo mi reflejo en las puertas pulidas del ascensor, lo veo observándome con una intensidad que hace que mi piel se erice.
-“¿Nerviosa?" Pregunta en voz baja, aunque ambos sabemos que no espera una respuesta honesta.
El ascensor llega a su destino con un suave timbre. Las puertas se abren directamente a un apartamento - no un pasillo, sino directamente a un espacio que claramente ocupa todo el piso.
Es espectacular.Ventanas del piso al techo muestran Nueva York brillando en la noche. Los muebles son modernos pero lujosos, todo en tonos oscuros de gris, n***o y acero. Arte contemporáneo en las paredes. Todo impecablemente ordenado y masculino.
Pero lo que capta mi atención es la ausencia de cualquier toque femenino. Nada de sus esposas anteriores permanece aquà - si es que alguna vez vivieron aquÃ.
Eliot se quita la chaqueta del traje y la cuelga cuidadosamente en un perchero cerca de la entrada. Afloja su corbata completamente desabrocha el primer botón de su camisa. El proceso es deliberado, lento, como si estuviera dándome tiempo para absorber dónde estoy y qué viene después.
-“Bienvenida a casa."Dice finalmente, girándose hacia mi.
-“Tu ropa ya está en el vestidor. Tu baño privado está preparado. Marco se aseguró de que todo llegara esta tarde."
Camina hacia el bar en un lado de la sala, sirve dos vasos de whisky sin preguntarme si lo Quiero. me trae uno.
-“Bebe."
Ordena suavemente.
-“Y luego vamos a continuar nuestra... conversación."
Sus ojos me recorren nuevamente, esa mirada hambrienta y posesiva que eh llegado a reconocer.
-“O puedes intentar correr nuevamente." Añade con una sonrisa oscura.
-“Esta vez no hay ventanas convenientes. Y me encantarÃa perseguirte por mi propio apartamento."
me acerco a el tomando el vaso que me ofrece -“¿correr? ¿dime cariño eso te excita?en el auto sentà lo duro que estabas"
doy un sorbo a mi vaso
La sonrisa de Eliot se oscurece peligrosamente ante mi comentario directo..Sus ojos se estrechan, evaluándome con una nueva intensidad mientras doy ese sorbo de whisky.
-“Asà que lo notaste." Dice en voz baja, dando un paso hacia mi.
-“Qué observadora eres, tesoro."
Bebe de su propio vaso, sus ojos nunca dejan los mios por encima del borde del cristal. Cuando baja el vaso, hay algo depredador en su expresión.
-“SÃ, me excita."-Admite sin vergüenza alguna, cerrando la distancia entre nosotros hasta que puedo sentir el calor radiando de su cuerpo.
-“Tu resistencia. Tu boca inteligente. La forma en que intentas mantener el control cuando ambos sabemos que ya lo perdiste en el momento en que firmaste ese contrato."
Su mano libre encuentra mi cintura, sus dedos presionando contra el corsé rÃgido del vestido.
-“Pero ¿sabes qué más me excita?"
Susurra, inclinándose hasta que su boca roza mi oÃdo.
-“Que bajo todo ese sarcasmo y desafÃo, tu cuerpo me responde. Sentà cómo temblaste cuando te toqué en la reunión. Sentà tu respiración acelerarse cuando bailamos. Y sentà cómo te derretiste cuando te besé."
Toma el vaso de mi mano y lo coloca junto al suyo en una mesa cercana, luego sus dos manos están en mi, una en mi cintura y la otra volviendo a mi nuca.
-"Asà que sà Diana,Me pone duro,Extremadamente duro“.
Su voz baja otra octava, pura oscuridad aterciopelada.
-“Y antes de que termine esta noche, vas a sentir exactamente cuánto. Cada. Maldito. CentÃmetro."
Me empuja suavemente pero con firmeza hasta que mi espalda toca la pared de cristal frÃa, Nueva York brillando imposiblemente alto detrás de mi. La vista es vertiginosa.
Eliot se presiona contra mi, dejándome sentir exactamente lo que mencione, la evidencia innegable de su excitación presionando contra mi a través de las capas del vestido.
-“¿TodavÃa quieres provocarme?"
Pregunta, sus labios trazando una lÃnea desde mi oreja hasta mi mandÃbula.
-“¿TodavÃa quieres jugar este juego de palabras ingeniosas y desafÃos?"
Su mano encuentra el cierre del vestido nuevamente, esta vez abriéndolo lentamente, cada diente de la cremallera haciendo un sonido pequeño y distinto en el silencio del penthouse.
-“Porque una vez que este vestido caiga..." El cierre baja más, exponiendo mi espalda al aire fresco del apartamento. -“Una vez que te vea como nadie más te verá jamás..."
bajo más el cierre hasta mi cintura.
-“No habrá más conversaciones. No habrá más palabras ingeniosas. Solo tú,yo Y todo lo que he estado esperando desde que te vi intentando escapar por esa ventana."
Se detiene con el cierre a medio camino, dándome una última oportunidad de responder, de desafiarlo, de provocarlo más o de aceptar lo inevitable.
El penthouse está en silencio excepto por el tenue zumbido del aire acondicionado. Las luces de la ciudad parpadean como estrellas falsas. En algún lugar abajo, en las calles, la vida continúa normalmente. Pero aquà arriba, en este momento, solo existimos los dos.
La mano en mi nuca se tensa ligeramente, sus dedos enredándose en mi cabello de una manera que es mitad caricia, mitad advertencia.
-“Última oportunidad." Murmura contra mis labios sin besarme.
-“Dime que pare. Dime que no. Usa tus palabras inteligentes para convencerme de darte una noche más de libertad."
Pero la forma en que lo dice deja claro que no cree que lo haré. Y más que eso que una parte de mi no quiere hacerlo, por mucho que mi orgullo insista en lo contrario.
Sus ojos verdeazulados me estudian en la semi-oscuridad, buscando cualquier señal de verdadero pánico o miedo, pero también buscando esa chispa de deseo que ha estado detectando en mi todo el dÃa.
-"¿Y bien,esposa?"
La palabra es una caricia oscura, una posesión, una promesa y una amenaza todo envuelto en dos sÃlabas.
-"¿Qué va a ser?"