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1487 Words

El callejón trasero del banco olía a orina vieja y lluvia ácida. Era un agujero oscuro entre dos edificios, protegido del viento aullante de la azotea pero no del frío que se filtraba hasta la médula. Elena se dejó deslizar por la pared de ladrillo hasta quedar sentada en el suelo mojado. Su brazo herido palpitaba con un ritmo de tambor de guerra, caliente y furioso, pero el resto de su cuerpo estaba entumecido. Solo escuchaba una cosa. *Crash.* El sonido del impacto de la mochila contra el asfalto se repetía en su cabeza en un bucle infinito. La prueba. Los videos del laboratorio. La lista de los doscientos niños. La confesión de su padre. Todo se había convertido en chatarra esparcida en la calle, cinco pisos más abajo, bajo la lluvia. —Lo perdimos... —susurró Elena. Su voz era un

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