Madrid. Paseo de la Castellana. Planta 4. Oficina de Enlace Internacional de la FDA. El zumbido era diferente aquí. No era el zumbido eléctrico y amenazante de los servidores de Apex AI, ni el whirr científico de la centrífuga de Doña Luisa. Era el zumbido del aburrimiento. El sonido monótono de los ventiladores de los ordenadores viejos, el goteo rítmico de una cafetera que llevaba horas quemando el poso, y el brrr-crac-brrr intermitente de las trituradoras de papel devorando documentos burocráticos que a nadie le importaban. Roberto Casas se aflojó el nudo de la corbata barata. Miró por la ventana gris, manchada por la contaminación de la capital. Abajo, la vida seguía. Coches, gente, prisas. Arriba, en su pecera de cristal y pladur, el tiempo parecía haberse estancado en 1995. Cas

