Apenas procesé lo que ese tipo había dicho. Las palabras parecían hundirse en un mar denso y oscuro, sin sentido. Mi cuerpo estaba ahí, pero mi mente se había desconectado, flotando en una realidad donde nada más dolía, donde todo era silencio. Me quedé quieta. Dejé que hiciera lo que quisiera. ¿Para qué resistirme? Ya no quedaba nada. Me había prometido a mí misma que lucharía, que no volvería a permitir que me pisotearan, pero... ya no podía. Estaba rota. El cansancio no era solo físico, era un peso insoportable que aplastaba cada parte de mi ser. Ya no había fuerzas, ya no había ganas. Si morir era el siguiente paso, que lo hiciera ya. Que acabara con todo. No quería seguir viva. No así. Su aliento era repugnante. Sentí su boca, húmeda y desagradable, deslizarse por mi rostro, luego

