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1954 Words
Jimin cortaba las fresas por la mitad, guardando la parte de arriba de las mismas en un bol aparte, para que su madre o padre las comieran. Colocaba en el plato naranja los trozos elegidos. Cuando despertó la casa estaba vacía, buscó por toda la casa a sus padres y no encontró a ninguno. Así que comenzó a preparar un Tutti Frutti para desayunar, cuando iba a guardar el bol de las fresas en la nevera vio una pequeña notita pegada en esta, era de su madre  "Jimin, cuando salgas del instituto ven a casa rápidamente, tenemos que hablar" Jimin hizo una mueca al no saber qué era lo que su madre quería decirle, posiblemente algo que le disgustara, pero no tenía otra opción más que obedecer. Cuando había entrado a casa aquella noche, después de su salida con Yoongi, su madre lo miró de forma despectiva y lo ignoró todo lo que quedó de la noche. Jimin no estaba molesto, de hecho, se alegró de que su madre no le hablara y no arruinara su felicidad. Comió rápidamente y corrió al instituto, no iba tarde, pero era bueno ejercitarse. Cuando estaba a unos cuantos pasos de la entrada vio a Taehyung hablando con Jungkook, ambos reían y se veían verdaderamente cómodos con el otro, por ello Jimin prefirió no interferir y fue a sentarse a una de las mesas al aire libre. Conecto sus audífonos y comenzó a escuchar Ddu-Du Ddu-Du, de BlackPink. El cielo estaba nublado y una leve brisa despeinaba sus cabellos, no llevó la chaqueta de Yoongi ese día y sabía que se arrepentiría al ver el clima. —Mochi ¿Hace cuánto llegaste? —Taehyung se acercaba acomodando su mochila en su hombro, con una enorme sonrisa. Al parecer Jungkook se había ido al salón u otro lado. —Hace unos minutos, no quise interrumpirlos— Jimin se quitó un audífono y miró a Taehyung con las cejas alzadas y una sonrisa juguetona. —No me alces tus cejitas Mochi, que aún no me has contado de tu cita con Yoongi Hyung— Jimin golpeó con un poco de fuerza el brazo del mayor, logrando que este se quejara de forma dramática. —No fue una cita, fue una salida, como las que tú y yo hacemos. —Yo no te gusto— dijo Tae, sabía que a su amigo no le gustaba su mayor, pero le gustaba molestarlo, y en el fondo se sentía orgulloso que su amigo ya no se ofendiera por decir cosas así, como en el pasado. —Tampoco Yoongi— Jimin miró la hora y se alegró al ver que faltaban cinco minutos para entrar, y así evitar las preguntas de su amigo. —Tenemos muchas cosas de las que hablar, hace un tiempo no hablamos así de íntimo, ya sabes... —Jimin lo dejó ahí y Tae entendió, cuando hablaban de "temas íntimos" se referían a los sentimientos ajenos o problemas en casa. —En la hora del receso venimos aquí y nos ponemos al día ¿Sí? —Jimin asintió y chilló cuando su amigo pellizcó su mejilla. —Y me preocupa el no poder pellizcar tus mejillas como antes, cada vez siento menos carne. Jimin retiró la mano de su amigo de su rostro, el tema de su alimentación era algo muy delicado, hasta podría ser un tema Tabú para Jimin, claro que tenía la confianza para contárselo a su amigo, pero en otra ocasión, primero quería entender qué era exactamente lo que le pasaba; con su religión, con sus valores y con sus sentimientos. En especial la última. ••• —Entonces nos abrazamos y luego volvimos a comer las donitas que compró, luego me llevó a mi casa y me vio mientras chillaba de emoción en mi habitación. Eso último fue muy vergonzoso— Jimin finalizó la historia y Taehyung tenía la boca abierta de sorpresa y una sonrisa, no podía creer todo lo que había pasado. — ¿No dirás nada? —Jimin brincó en su asiento al escuchar tremendo chillido que soltó el mayor. — ¡No puedo creerlo, es como una serie de televisión! —Taehyung trató de tranquilizarse y Jimin solo atinó a sonreír avergonzado. —Pero vamos a lo que realmente importa ¿Cómo te sientes tú, Yoongi te atrae? —Jimin miró sus manos por unos segundos y respiró hondo. —Yoongi hyung me hace sentir libre, cuando estoy con él siento que no existen reglas que me limiten. Realmente no sé qué es lo que siento, jamás había sentido esto por nadie... y realmente temo que esto crezca y termine dominándome—Jimin no miró a su amigo en ningún momento, pero sonrió cuando la mano del mayor apretó la suya. —Mis padres me odiarán si saben que si quiera estoy considerando el que me guste un chico—Tae utilizó toda su concentración para intentar ayudar a su amigo y se le ocurrió una idea, pero necesitaba tiempo para llevarla a cabo. — ¿Por qué no te informas de ese tema en otro lado? Internet puede ser... que tus padres digan que algo es un pecado, no significa que realmente sea así —Jimin miró por primera vez al pelirrojo y consideró la idea, no lo había pensado de esa forma. —Lo haré, tienes razón. Eso mismo dijo Yoongi— sonrió al mencionarlo y el pelirrojo se emocionó al notarlo. El timbre para volver a clases sonó y todos los estudiantes comenzaban a entrar. Y Jimin sabía que le costaría concentrarse en química. Cuando las clases finalizaron Jimin se despidió del pelirrojo, contándole que su madre quería verlo lo más pronto posible en su hogar, esta vez no corrió, ya que no tenía ganas de ver a ninguno de sus padres. Cuando estaba cerca pudo visualizar el auto marrón de sus progenitores, frunció el ceño extrañado, se supone que sus padres tenían que estar ayudando en la parroquia, no en casa. Usó la llave de repuesto y abrió la puerta, su madre estaba limpiando la mesa del comedor y su padre aspirando la alfombra. Rarísimo. —Buenas tardes, padres— Jimin saludó y se quitó los zapatos, colocándose sus pantuflas. Dispuesto a ir a su habitación comenzó a subir los escalones, hasta que la voz de su madre lo detuvo. —Deja tus cosas y baja Jimin. Continúo subiendo y cuando entró a su habitación lanzó su mochila al suelo y cerró la puerta, su madre le había dicho que bajara rápido, pero Jimin quería quitarse el uniforme de una vez y colocarse ropa cómoda. Un short n***o y una camiseta roja holgada. Salió de la habitación y bajó los escalones, su madre estaba sentada en el sofá grande junto a su padre, así que por intuición se sentó en el sofá individual que quedaba al frente. Su madre lo miró y luego suspiró. — ¿Recuerdas las palabras del padre el domingo pasado? —Jimin no comprendía la pregunta o a qué venía, recuerda que se estaba muriendo de sueño durante la misa, pero para evitar un regaño asintió. —Tu padre y yo pensamos mucho sobre eso y los buenos hijos de Dios que seríamos si ayudábamos a algunos de ellos, así que tomamos la decisión hace unos días y hoy vendrán a ver la casa. —si Jimin estaba confundido antes, ahora más ¿Quién llegaría a ver la casa? —Realmente no estoy comprendiendo madre— Jimin miró el ceño fruncido de su madre, pero al parecer ni ella tenía ganas de comenzar con sus sermones. —Vamos a adoptar a un niño. Jimin abrió sus ojos y un jadeo de sorpresa abandonó sus labios, el silencio aturdía a los dueños de la casa. Jimin estaba recordando toda la tortura que tuvo que pasar de pequeño; los gritos por no aprenderse las alabanzas, golpes por cuestionar algún mandamiento o ley de la iglesia, horas y horas sentado en un banco, escuchando lo que le pasaría a la gente en el infierno, todo a diario. Realmente no quería que nadie tuviera que pasar por eso y Jimin estaba seguro de que sus padres se lo harían al pobre chico o chica. Tenía miedo y empatía por quien sea que llegase a ese hogar. — Una persona del orfanato vendrá a ver la casa y a conocerte, quiero que te comportes y trates de hablar solo lo necesario ¿Bien? Vamos a cumplir un deseo y no queremos que lo arruines —su madre soltó algo molesta por la falta de reacción de su hijo. — ¿Van a adoptarlo para amarlo o solo porque el sacerdote dijo que haría feliz a Dios? —Jimin soltó con voz dura, sus padres se sorprendieron en demasía por la forma de contestar de su hijo, su madre se levantó del sofá y tomó del cabello a Jimin, haciendo que la mirara a los ojos. —Si vuelves a hablarnos así voy a castigarte, lo vamos a adoptar porque es algo que Dios ama y eso es suficiente, si arruinas lo de la adopción, tendrás más problemas— No dijo nada más y se fue, su padre se había quedado en el sofá, pero ese fue el turno de Jimin de irse. Subió furioso los escalones y al llegar a su cuarto se lanzó en su cama, gritando en su almohada por la frustración. Quitó el rostro de la almohada y miró su computadora en el escritorio, su madre se la había devuelto para hacer sus tareas, se levantó y la encendió, colocó la contraseña y sonrió al ver de fondo una foto con Taehyung en navidad, ese día se había escapado y fue a la casa del mayor, entró a internet y miró dudoso la barra de búsqueda. "¿Dios odia a los homosexuales?" Muchas páginas aparecieron en su pantalla, varias tenían un versículo como título y otras excesivas mayúsculas, vio una página llamada Vida con Dios y la abrió, aparecieron algunas imágenes de hombres y mujeres juntos. Jimin dio una miradita a la página—sin leer aún—y tenía muchos comentarios, imágenes y otras cosas. Volvió a subir, decidido a leer. "Muchas personas se han preguntado el que, si Dios odia o aborrece de alguna forma a los homosexuales, bisexuales, miembros del LGTBIQ. Dios nos mandó a amar, sin límites, mas no a odiar. El papa Francisco a compartido su opinión sobre este tema tan controversial, citando que Dios es amor, y es incapaz de odiar a algunos de sus hijos..." Jimin cerró los ojos por un momento, aturdido, no solo por la nueva información recibida, sino porque todo lo que sus padres le han enseñado han sido mentiras vacías y sin sentido. Toda su vida ha sido una vil mentira. Cerró la computadora y se acostó en su cama, viendo al techo con las manos en su rostro. —Nadie más vivirá en este horrible lugar, ese pequeño o pequeña puede tener un hogar con mucho amor... y aquí definitivamente no es el lugar indicado— Jimin hablaría con la persona del orfanato, trataría de ayudar. Escuchó un ruido en su ventana, como roquitas chocado, se levantó y vio a Yoongi lanzándolas desde la terraza, abrió la ventana y se apoyó en esta. —Vas a quebrar mi ventana— ambos rieron y Jimin quitó una piedrita que había quedado atorada. — ¿Tus padres no dijeron nada cuando volviste esa noche? —Yoongi se veía algo preocupado, sabía cómo eran los padres del menor y no estaba demás el hacerlo. —No, de hecho, me ignoraron—Jimin le restó importancia, el timbre de la casa se escuchó y miró hacia el suelo, viendo un auto y un señor con uniforme en la puerta. —El hombre del orfanato— susurró Jimin, dispuesto a seguir su plan. — ¿Sucede algo, cielo? —Jimin volvió a la realidad por ese tonto y meloso apodo, recordaba por qué lo llamaba así, pero no dejaba de ser vergonzoso, era un apodo de parejas. —Te cuento luego, si no muero en el intento. Deséame suerte—Jimin se despidió y escuchó el "suerte" de parte de Yoongi, cerró la ventana para salir de su habitación. Cuando bajó con sigilo los escalones vio a su madre hablar con una falsa sonrisa con el hombre, Jimin sonrió por lo que estaba planeando, era hora de comenzar su plan.
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