¿No se supone que en el hogar de Dios sus hijos encontramos la paz? Pues ni paz, ni calma estaba encontrando en este sitio. En este lugar cercano al altar recibiendo por tercera vez en el día, los pasos a seguir como padrino de mi sobrino Pablo. Y es que, por fin, había llegado el día del bautizo. Incluso estábamos a pocos minutos de comenzarlo. Hecho por el cual los Bryrne, los Fernández, los Gómez y obviamente las Flores, nos encontrábamos reunidos aquí. Como no podía ser de otra forma, habíamos reservado la iglesia para que fuese un evento privado, y pudiésemos llenar todos los asientos con nuestros conocidos. De eso se había encargado, la abuela orgullosa, Elle que no soltaba a Pablito envuelto en una bata blanca larga. No tengo comentarios frente a tremendo outfit de mi sobrino,

