Este lunes debería titularse: “el trayecto a la hoguera de Gabriel”. Y es que a eso iba, a mi hoguera al lugar que juré desde mi adolescencia no pertenecería como trabajador. Solo como heredero atractivo, codiciado y Playboy. Pues, esta versión de Gabriel no era ninguna de esas cosas. Vistiendo lo más formal que mi orgullo por contrariar a mi abuelo me permitía, estoy ingresando en Bryrne Holdings. Esa compañía que en mi niñez era el patio de juego de mis hermanos y yo, pero no al usual piso del desastre, el último con mi padre, sino uno más bajo. El segundo específicamente, ese en donde estaba el departamento de la Asociación Benéfica Bryrne. Me enteraba que la empresa tenía todo un piso destinado a una sección como esta, pero era lo que me había indicado mi abuelo por mensaje ayer

