Martes en la noche y Lois seguía creyendo que Lydie era el ser más aberrante e imbécil sobre la faz de la Tierra y todo lo que abarcaba el Infierno. Mirarla fijamente sólo le incitaba a golpearla hasta su muerte, pero sabía que debía ser precavido. Se lo repetía constantemente, él era más inteligente que esa sucia Seele. Lo único que le alegraba es que cada día que pasaba, más personas le sentían casi el mismo asco que él. Lydie Lacroix era la paria de los Deamoniun, y no faltaba mucho para acabar con ella. Ese martes era crucial para que cada vez estuviera más cerca de su muerte, y Lois lo anhelaba con cierta emoción. ¿Cómo no sentirse feliz si la gloria ya iba a estar entre sus manos? Su plan le hinchaba el pecho de un gran orgullo, que le era usualmente difícil de ocultar. Sus amigos

