Capítulo 20-Malcolm

852 Words
Manchas carmesí se extendieron con voracidad sobre mi ropa y mi piel. Si Cristina me viera en este estado, seguramente estaría asustada. ¿Probablemente? Quizás estoy siendo demasiado optimista al pensar eso; en este momento, ella probablemente yace tranquilamente en los brazos de ese bastardo. El espejo frente a mí se hace estalla, se hace añicos. Mi mano, sangra profusamente mientras trozos afilados se incrustan dolorosamente en mis nudillos. Siento mi cuerpo cargado de un peso abrumador cada vez que su imagen se cuela en mis pensamientos. Me apoyo exhausto contra la pared, buscando desesperadamente una forma de expulsarla de mi mente. Si continúo así, la cuerda de mi cordura se romperá en cualquier instante. "¡Demonios!" Grito con todas mis fuerzas. Arrastro mi cuerpo hasta la cocina, buscando refugio en las entrañas heladas del congelador. Extraigo un par de cervezas y las abro sin ceremonia alguna, intentando borrar su imagen de una vez por todas. Tras varios sorbos, perdí la cuenta de las botellas vacías que se acumulan a mi alrededor. El suelo comienza a temblar o tal vez es la habitación. Intento dar un paso adelante, pero caigo estrepitosamente de bruces al suelo. "Jaja, debo verme tan patético. ¿Será por eso que todos me abandonan?" ¿Tú también, Cristina? ¿Quieres ser otra más en abandonarme? No puedo permitirlo. Quiero encontrarte, levantate me ordenó , pero mis fuerzas se desvanecen. "¡Cris...!" mi voz se desvanece en un susurro lastimero, dejando un eco de desesperación en el aire. Lo intento una y otra vez, pero el resultado es siempre el mismo: una caída humillante. Agotado, ruedo por el suelo, mientras las manchas rojas dibujan caprichosos patrones. Qué divertido, pero no tanto como estar contigo y tus lindas piernas. *Admiro sus esbeltas piernas mientras mis ojos recorren su figura. Un pensamiento imprudente escapa de mis labios, susurrando sobre sus lindas piernas y perfecto trasero. Cristina gira hacia mí, su expresión es complicada denota molestia y sorpresa. La camisa que llevo puesta es mía, pero a ella le queda genial. "¿Eres un idiota?" Me lanza sin rodeos, sentándose con fuerza sobre mí. Una media sonrisa se dibuja en mi rostro, aunque por dentro temo parecer un completo tonto ante sus ojos. Juego con la situación, tratando de desvanecer mis nervios. "¿Quieres otra ronda con este idiota?" Pregunto, divertido, mientras la tomo por la nuca y la beso apasionadamente. Nuestras posiciones se invierten y ella acaba debajo de mí. "¡Ja, ja, ja!", ríe, "creo que sería interesante si tuviéramos otra ronda". La sonrisa radiante de Cristina me recuerda que estoy vivo. Aún existe esa persona que sonríe solo por mí, en estos momentos soy el motivo de su alegría. Hambrienta, devora mi boca y yo respondo con una pasión desbordante. ¡Solo tú logras enloquecerme de esta manera Su piel es suave, es cálida, adictiva... Después de varias rondas exhaustivas, cae rendida sobre mi pecho. Su piel, empapada de sudor, se encuentra fresca mientras mi cuerpo arde de deseo. Sonrío, pensando en nosotros como la pareja perfecta. Es un pensamiento lleno de entusiasmo, pero también consciente de que podría desvanecerse en cualquier momento. Me resulta doloroso imaginarla compartiendo estos momentos íntimos con alguien que no soy yo. El solo pensamiento de alguien más tocándote me llena de colera, Cristina. No sé si podría soportarlo o siquiera podría tolerar verte sonreírles como lo haces conmigo. Mis dedos acarician su rostro, admirando sus pestañas desplegadas como abanicos y su suave cabello. "¿Qué estás haciendo conmigo, Cristinita? Poco a poco me envenenas más. Si sigues así, me llevarás a la muerte", susurro con cautela, apretando mi agarre en su cintura. Los latidos de su corazón se sincronizan con los míos, mis párpados se vuelven pesados. Antes de que pueda reaccionar, me sumerjo en un sueño profundo.* Mis ojos se abren de par en par debido al dolor punzante en mi mano. ¿Qué demonios está sucediendo? Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando siento algo ascendiendo amenazadoramente por mi garganta. Me precipito hacia el baño, dejando atrás el dolor que me atormentaba unos instantes antes. Con una mezcla de desesperación y asco, expulso un líquido repugnante que se tiñe de un verde enfermizo. La presión en mi cabeza parece aumentar cada vez más, como si estuviera al borde de explotar. Me apoyo en el lavabo, tratando de encontrar algo de estabilidad, pero resulta en vano. Un gesto de molestia se dibuja en mi rostro mientras lido con la opresión. En medio de este caos, mi teléfono comienza a sonar descontroladamente. Me acerco a él y descubro que se trata de la maldita alarma de la universidad. ¡Maldición! Me obligo a entrar en la ducha, dejando que el agua fría acaricie mi cabeza, aliviando mínimamente el tormento. "Necesito hablar con ella", murmuro con determinación mientras me enjabono. "Actuar como un niño caprichoso no me llevará a ninguna parte. Espero que puedas darme una buena explicación, o Bruno perderá su fachada de chico bueno y algunos dientes", gruño, imaginando la reacción que tendría. "Hoy no escaparás, Cristinita".
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD