"¡Maldita sea! ¿Sabes por qué no vino hoy?" pregunto, la vena de mi frente está abultada.
Hoy, sin falta, aclararia todo con ella. El chico frente a mí está nervioso quiere llorar, pero se contiene. Cristina me prohibió que me acercará a sus tontos colegas que dan tutorías junto a ella, tenía rotundamente prohibido hacer esto, pero al final es su culpa por esquivarme demasiado.
"Ya no vendrá más", responde temblando.
"¿Qué dijiste?" gruño. ¿Está bromeando conmigo?
El chico sacude su cabeza como si se tratará de un sonajero, tú tonto movimiento no funcionará conmigo Cristinita. Aprieto los dientes y ignoró a la rata en frente de mí.
Regreso al salón de clases cabreado, hago oídos sordos ante la explicación del profesor de derecho civil. Miro el paisaje, ella debe estar enferma. ¡Esa es una razón de mierda Malcolm!
¡Ahh...! Me volveré loco si sigo así.
¿Dónde te escondes Cristina?
***
"Cállate, viejo", le advierto.
El anciano sigue bromeando, sin intenciones de detener su burla descarada. Simplemente no quiero hablar más con él. Uso mis acciones para expresar en silencio mi desdén.
Después de un rato de soportar sus asquerosas bromas...
"¡Estás perdido, chico!" comenta divertido.
Todo lo que quiero es que se vaya de mi apartamento.
Me desplomo en el sofá y cierro los ojos para que mi mente descanse un poco. Me duele la cabeza. No quiero prestar más atención a sus palabras. Mi expresión es probablemente desagradable.
“Si crees que esa cara me va a asustar, te equivocas”, dice Joseph antes de ir a la cocina y regresar con un par de cervezas. Me lanza una y la atrapo.
Sin dudarlo, abro la lata y me la bebo. Necesito calmarme, o haré alguna tontería.
"¿Qué estás planeando, chico?" pregunta, tratando de provocarme de nuevo.
"¿Qué estoy planeando?" Me río de su pregunta. "Voy a encontrarla y poner fin a esta estupidez".
No puedo decidir por ella, pero no planeo permitir que huya de mí, si es lo que quiere al menos que me lo diga en la cara. También quiero saber qué estaba tratando de decirme esa tarde cuando yo era un completo idiota.
Agarro mi chaqueta y mis llaves. "Esta vez no te vas a escapar, Cristinita", me digo mientras trago el contenido de la lata.
El viaje es una sucesión vertiginosa de maldiciones y desesperados intentos de esquivar los malditos automóviles furiosos que se encuentran atascados en la autopista. ¿Acaso piensan que soy tan idiota como para esperar que se muevan? ¡Ja!
Aparco mi moto en la entrada de la casa de mis primitos. ¿Están las luces apagadas? Frunzo el ceño y llamo a la puerta. No hay respuesta. Incremento la fuerza de mis golpes.
¿Por qué no están respondiendo? ¿Dónde diablos se han metido?
"¡Oye, joven!" grita una anciana desde una casa vecina. Finjo no oír su llamada y continúo golpeando la maldita puerta. "¡Aquí no hay nadie! ¡Deja de golpear así, te lastimarás!"
Giro la cabeza, vacilo por un momento, pero finalmente me dirijo hacia ella.
"¿Salieron?" pregunto, ansioso por obtener alguna respuesta.
La anciana me regala una cálida sonrisa juguetona.
"¿Eres el novio de Pamela?" pregunta con picardía en los ojos.
Ignoro su pregunta. ¿Pamela y yo? Ella debe estar bromeando. Esa loca es mi prima.
"¿Salieron?" insisto, tratando de ocultar una incómoda sonrisa.
"La abuela preguntó primero".
"Por favor, señora, ¿salieron?"
"Se mudaron, jovencito. Lamento que tu amor haya resultado en vano".
"¿Mudarse?" Repito, totalmente incrédulo. ¿Cristina se fue con ellos? Esto debe ser una broma de mal gusto.
"Sí, joven. Bruno se despidió de mí junto su novia hace unos días".
Mi cabeza zumba. ¿Novia? ¿Desde cuándo tiene novia? La imagen de Cristina abrazada por él se cuela en mi mente. Enfurecido, golpeo la entrada y la puerta se abre de un puntapié.
"¡Eso es ilegal!" regaña la anciana, tratando de detenerme.
No lo creo. Cristina todavía debe estar aquí.
Busco frenéticamente y no encuentro nada. Hasta que llego a la tercera habitación y percibo su perfume. ¿Estuviste aquí?
Abro el armario y está vacío. Sigo abriendo cajones, pero no hay rastro de ella. Maldita sea.
Finalmente, encuentro una carpeta y la tomo. "¿Se te olvidó esto?" murmuro. Leo el contenido y un balde de agua fría se derrama sobre mí. Es un análisis de sangre.
+Positivo. Embarazo.
¡Ella está embarazada! ¿Es suyo? Suelto el papel y cae al suelo.
"¡Bruno, te mataré, maldito bastardo! Te destrozaré con mis propias manos", gruño, sintiendo la ira consumiéndome. Soy un completo idiota. ¿Qué esperaba de ella?
Enfurecido, vuelvo a agarrar la carpeta. Quiero destrozarla, pero lo que está escrito en ella me detiene.
"Estúpido Malcolm, si estás leyendo esto, seremos padres. Trabaja duro, idiota, y ayúdame. Esta es la última oportunidad que te daré". El peso de las palabras escritas en el papel me aplasta.
¿Soy el padre? Mi cuerpo pierde su fuerza y vuelvo a procesar la información. ¿Por qué no me dijo nada?
"Cristina, ¿cómo te atreves a irte sabiendo que soy el padre del bebé? Ella no haría eso. ¡Maldita sea!" Trato de calmarme, pienso... Recuerdo ese día que ella llegó herida, y yo era un completo idiota. Ella quería hablar conmigo. ¿Ibas a hablarme de esto?
¿Ibas a darme esto?
Esto no puede terminar así. Doblo el papel y lo guardo con cuidado.
"Lo que has hecho es ilegal, niño", repite como una cacatua la anciana. Ignoro a la mujer y, con una gran sonrisa en mi rostro, me dirijo a la casa de Cristina. La voy a encontrar. Espero que mis primos no regresen y poder disfrutar solo yo de ella. Cristina jamás se iría, mucho menos así, ella debió regresar a su casa.