―Sí lo creo. Ésta vez la que la miró raro fui yo. Ella sonrió, seguramente porque había logrado sorprenderme una vez más. ―¿De verdad lo creés? ―Pregunté. ―Sí, de verdad lo creo. Sé que el sexo puede ser uno de los mayores placeres de la vida. No porque lo haya experimentado de primera mano, sino porque mi cuerpo también racciona a estímulos sexuales… aunque éstos vengan de mis propias manos, o de imágenes, como las que encontré en tu celular. Muchas veces, al ver a Jorgelina teniendo sexo con tantos hombres, me imaginé qué estaría sintiendo ella en ese preciso momento… y la cabeza casi me explota. Pero en el buen sentido… fue maravilloso, y eso que no lo estaba viviendo en carne propia. Algo muy parecido me pasó al ver tus fotos… ―Eso me halaga ―sonreí. ―Lo que me pasó con tus fotos

