Otra vez nos encerramos en el vestuario, allí no sólo podíamos hablar sin que nadie nos escuchara sino que también estábamos lejos de la vista de cualquier curioso. ―Contame qué novedades hubo ―me dijo sentándose muy cerca, justo delante de mí. ―No hay novedades. No hice nada de nada. Hasta intenté no pensar... pero es muy difícil no pensar en nada. Cada vez que me quiero distraer, me aparece otra vez la imagen de... ―me quedé callada porque me di cuenta de que estaba hablando de más. ―De esa chica misteriosa que te está volviendo loca ―Tati completó la oración por mí―. Llamémosla... no sé... ¿Lara? La miré sorprendida y avergonzada, como si me hubiera atrapado robando algún objeto de su casa. ―¿Cómo sabés? ―No soy tonta, Marcela. Anduve por los mismos caminos que vos, hace ya un par

