Jehane. King y yo aguardamos en el pasillo, justo frente a la puerta de nuestra habitación, con los nervios tensos como cuerdas a punto de romperse. Maxwell había llegado primero a la mansión, impulsado por esa urgencia médica que lo caracteriza, para atender el cuerpo maltratado de Félix. Ha pasado más de una hora desde que se encerraron y no hemos tenido ni una sola noticia. Quisimos darles espacio; el silencio es absoluto, un silencio que pesa. No sabemos si Félix está preparado para recibirnos, ni si nosotros estamos preparados para ver lo que ese monstruo le hizo. La mansión respira una ansiedad colectiva. Desde los empleados de servicio hasta los guardias de los perímetros externos, todos están en vilo. La noticia de que uno de sus líderes ha sido gravemente dañado se ha extendido

