Maxwell. Había transcurrido un día desde mi primer encuentro significativo con Jehane y Félix. Desde entonces, Abby e Irene se habían dedicado a montar una guardia absurda, distrayéndome o, peor aún, intentando apartarme de ellos. Pero ese juego infantil llegaba a su fin. Tomé mi decisión; pondría punto final a mi relación con Irene. —Irene. Ella me miró con una rapidez casi irritante, deteniendo el labial a mitad de camino. Sus ojos azules, aunque hermosos, carecían de la chispa que ahora buscaba. —¿Sí, amor? —Su tono era dulzón, condescendiente. —He meditado mucho sobre nuestra relación, y para no alargar esto: quiero terminar contigo. —¿Qué? —Su rostro se congeló en una máscara de estupefacción. La idea de ser rechazada era, claramente, ajena a su realidad. —Ya no quiero continua

