Capítulo 21 El silencio de la pequeña pieza se rompió justo antes del amanecer. La ruptura no fue un estruendo, sino una fisura en el aire, una punzada profunda y rítmica que me arrancó del sueño. Era la verdad biológica, la que no atendía a deadlines ni a cláusulas de exclusividad. El mundo que yo había ordenado con mi intelecto se había rendido a la fuerza bruta de la naturaleza. Mi contrato de maternidad comenzaba ahora, y era un contrato sin término de negociación. Las primeras contracciones eran olas frías y cortantes que me obligaban a concentrarme en la respiración. Mi mente, esa máquina eficiente que había dominado contratos de millones, ahora luchaba por controlar la reacción más primitiva de mi cuerpo. Me levanté, temblando, y recorrí a tientas los pocos metros cuadrados de mi

