Estando por fin solos me di el lujo de sentarme en el sofá reclinable como si estuviera en mi propia casa, lo había dicho antes y lo seguiré diciendo, no le tomaba importancia a lo que pudieran pensar de mí o de mis acciones, solo las hacía y no me andaba con las idioteces de una insulsa persona tímida o recatada —que lo era, pero con ciertas personas podía permitirme ser informal.— Layla dejó caer sus hombros mientras se disponía a tomar asiento en frente de mí, me incliné hacia ella y enderece su cuerpo, recordándole así, que una mujer poderosa, respetada e impoluta nunca debía tener una postura que debilitará su imagen. Tenía que enseñarle a ser toda una mujer de alcurnia aun cuando no esté frente a otros. Nunca es bueno bajar la guardia, tampoco creer que por estar en tu territorio na

