Más tarde, la mucama que se encargaba de mi hermanita llegó para llevarla a dormir su siesta del diario, dejándonos a los tres solos. Nina se despidió, poniendo como excusa que debía ir a hablar con Matthews, pero estaba más que claro que nos quería dejar a solas para no volver a ser víctima de nuestras perversiones y ahí estábamos los dos, sentados en el pasto de aquella gran mansión. Me sentí apenada por nada, él siempre me hacía sentir de todas las maneras posibles, pues como le dije a Kelyan, Liam sacaba cada versión de mí, y mostrado estaba con lo de hace un par de horas. Nadie más me habría llevado a hacer lo que hice, nadie que no fuera ese rubio de ojos color cielo. —Estamos solos— Verbalicé incómoda por el silencio que se había asentado alrededor de nosotros, prácticamente se pod

