Es estúpido haberle golpeado, es tonto haber salido dramáticamente a enfrentarlo, cuando lo único que dijo fue que mi padre solo confiaba en él para hablarme de no se qué, pero no pude contener mi coraje, el enojo que llevaba guardado desde que desapareció de mi vida como si fuera solo un fantasma. —Por lo que sea que hayas venido a verme, por favor, vete.— Pedí, recuperándome y respirando con más calma. —Anoche me dejaste muy claro que no te importaba, así que no hay razón para que estés hoy aquí. —Layla... —Ya la escuchaste, Kelyan, vete.— Intercedió el pelirrojo por mí, sin embargo, el castaño persistió. —No voy a ir de aquí, hasta que ella y yo hablemos.— Dictaminó él, intercalando su mirada entre mi hermanastro y yo. —Es verdad que ayer huí como un cobarde, que te dejé ahí solo, p

