Desperté a media noche, aún en la cima del Empire State, había estado bebiendo lo suficiente para que el mismo alcohol me hiciera dormir todo ese tiempo, aún seguía ebrio cuando escuché replicar incesantemente a mi celular. No respondí, solo me levanté del suelo y balanceándome me encaminé hasta el ascensor, listo para volver al hospital. Una hora después, llegué y con el pecho saltándome enloquecido sentí la necesidad de apresurarme a llegar a su habitación, necesitaba verla, cerciorarme que aún seguía ahí en esa camilla y con un poquito de suerte, que también tendría sus ojos abiertos. Pero lo único que encontré fue una cama vacía, sin ella, sin mi chica... Lo cumplió, esa maldita mujer me la arrebató, se la llevó de mi lado. —¡Joder!— Espeté en voz alta. Molesto por ello, salí de ah

