Capítulo 36. Sin pruebas... nada es lo que parece. Salí del despacho con el pretexto de supervisar el registro, pero mi verdadero objetivo era el anexo. Necesitaba verla. Necesitaba que me mirara a los ojos y me dijera, con esa fingida inocencia, que no tenía idea de lo que estaba pasando. Sin embargo, antes de llegar a la salida, la puerta principal de la mansión se abrió de golpe. Tania entró como un espectro, cubierta de nieve, con el rostro enrojecido por el frio y la respiración entrecortada. Estaba temblando, sin el abrigo puesto y con una expresión que oscilaba entre el triunfo y el pavor. - ¡Nicolás! – me gritó, corriendo hacia mí. Se aferró a mis solapas, pude sentir sus manos congeladas. - ¡Se ha ido! ¡Laura se ha ido! – El mundo pareció detenerse. Sentí como si el suelo

