Capítulo 15. Fuego y algo más en las venas...
Saber que Miguel había escapado me llenaba de angustia, pero pensar que Nicolas pudo ser drogado otra vez me aterraba. Tengo el cuerpo adolorido, tuve que esconder con maquillaje las marcas que todavía se veían en mi piel.
Bajamos del estrado y saludamos a todo el que se nos acercó.
- Tu esposa es bastante joven señor Danger – le decía un tipo regordete que parecía comerme los ojos.
- Felicitaciones muchacho... no esperaba que te librarías de alguien asi de fácil – le decía otro y miraba a Tania mientras lo hacía.
Muchos más se acercaron, algunos hablando en ruso y otros no... pero gracias a madame Nadia, algo de todo lo que decían podía entender.
Después de algunos minutos, logramos alejarnos de todos... miré a Nicolas y pude notar como sus orejas iban subiendo su color...
El calor comenzó a subir por su cuello de una manera antinatural. Vi cómo sus pupilas se dilataban mientras apretaba mi mano con una fuerza que delataba su lucha interna.
El veneno, o ese elixir afrodisiaco, ya estaba corriendo por sus venas.
- Laura... – su voz ahora era un susurró peligrosamente ronco que me helaba la piel.
- Tenemos que salir de aquí ahora –
- ¿No que estaba todo bajo control? – le dije cuando sentí que me jalaba con él.
Don Vladimir al ver que nos fugábamos se acercó a nosotros, ignorando el sudor que empezaba a perlar la frente de su nieto. Su mirada pasó de Nicolás a mí con una frialdad analítica.
- La presentación ha sido un éxito, a pesar de los... inconvenientes – le dijo el abuelo, golpeando el suelo con su bastón.
- Pero... ¿Te pasa algo? no pareces estar bien. Nicolás... –
- Es solo un mareo repentino, abuelo – le mintió él, aunque sus ojos buscaban a Tania entre la multitud.
Ella estaba allí, a unos pocos metros, mordiéndose el labio inferior con una mezcla de ansiedad y triunfo. Seguramente contaba los segundos para que Nicolás colapsara o la buscara con desesperación.
- Vayan a descansar entonces – le ordenó Vladimir.
- Quieres que lo ayude abuelo... esta fiesta es por Laura, será mejor que ella se quede contigo – dijo de pronto una voz detrás de mí.
No iba a girar porque sabía muy bien quien era... Nicolas la miraba con furia.
- Mi esposa y yo nos vamos a descansar, abuelo – el anciano asintió, estoy segura de que sabía lo que pasaba con su nieto a la perfección, por que ese brillo en sus ojos cuando Nicolas cogió mi mano con pertenencia, es el mismo que vi, la primera noche que me quede en esta mansión.
- Laura, mañana a primera hora Madame Nadia te espera. No creas que porque hoy sobreviviste a un asalto has ganado tu lugar. En Rusia, el peligro es constante, y tu ignorancia será tu mayor debilidad –
Nicolás no esperó una segunda invitación. Me arrastró prácticamente hacia las escaleras principales. Podía sentir la electricidad que emanaba de su piel; su mano sobre la mía quemaba.
Pero Tania no se daba por vencida, nos había seguido hasta aquí.
- Nico, quizás necesites ayuda... un médico... – le dijo ella con voz melosa y antipática.
Nicolás se detuvo en seco, girándose hacia ella con una mirada tan cargada de odio y deseo distorsionado que Tania tuvo que dar un paso atrás.
- No te acerques a mi habitación, Tania – siseó él.
- Si cruzas ese umbral esta noche, no responderé de mis actos. Y créeme, no será el tipo de encuentro que has estado soñando revivir conmigo –
Esas palabras me dejaron atónita... “revivir conmigo”
Mi esposo estaba aceptando delante de mí, que había tenido una relación anterior con Tania, tal y como ella me lo había insinuado cuando me conoció.
El calor que emanaba de la mano de Nicolás era casi insoportable. Sus dedos apretaban los míos con una urgencia que me cortaba la respiración mientras subíamos de dos en dos las escaleras de mármol.
Podía sentir las miradas de los invitados clavadas en nuestras espaldas, pero Nicolás no se detuvo. Sus pupilas estaban tan dilatadas que el azul de sus ojos había desaparecido, dejando solo dos pozos de oscuridad que me devoraban.
En cuanto entramos en la habitación Nicolás cerró la puerta con doble llave, nunca lo había visto así... se arrancó la corbata con un gesto violento y la lanzó al suelo, desabrochando los primeros botones de su camisa con movimientos erráticos.
- Maldita sea... – gruñó, apoyando las manos en la pared para sostenerse. Su respiración era pesada, cargada de una necesidad salvaje.
- Esa copa... Siento que me estoy quemando por dentro – me acerqué a él con cautela, dividida entre el deseo de ayudarlo y el miedo a lo que esa droga le podía hacer.
- Es peor que la noche del coñac. Siento que tengo fuego en la sangre, Laura –
- Diego dijo que Miguel lo preparó especialmente para Tania. Querían que todos supieran que ahora estabas con ella, y que yo... al encontrarlos en la cama había decidido huir. Terminando, suicidándome después – susurré, quitándole el saco de los hombros.
Nicolás se giró bruscamente, atrapándome entre su cuerpo y la pared. Sus manos abrazaron mi cintura y me pegaron a su cuerpo con una posesión absoluta. Sentí su calor atravesando la seda de mi vestido n***o.
Su mirada recorrió mi rostro, deteniéndose en la herida de mi cuello, y vi cómo sus labios se apretaban con furia... sus ojos eran dos tormentas ahora ennegrecidas, oscurecidas por el químico y algo mucho más profundo... un deseo de posesión real.
- Laura... – su voz sonó como un rugido contenido, una advertencia de que el hombre que conocía estaba perdiendo la batalla contra el químico que Miguel había preparado para él.
Hundió su rostro en mi cuello, aspirando el aroma de los aceites con los que me había bañado unas horas atrás.
- Tania no sabe lo que ha hecho – me dijo él, su aliento caliente rozando mis labios.
- Pensó que esto me lanzaría hacia ella, pero no entiende que mi cuerpo solo responde a una persona en esta ciudad –
- Estás drogado, Nicolás. No eres tú mismo – intenté decir, aunque mi propia resistencia se desmoronaba ante su cercanía.
- No, Laura. El afrodisíaco solo quita los frenos, pero la dirección... la dirección siempre me ha guiado hacia ti – susurró él, hundiendo su rostro en la curva de mi cuello, aspirando mi aroma con una desesperación que me hizo soltar un gemido.
- Te quiero a ti mujer – sus labios mordieron los míos.
- Porque no quiero a esa mujer, Laura. No quiero a ninguna mujer que hable mi idioma o pueda entender mi mundo. Por eso te quiero a ti, a la hija... –
Se detuvo en seco. Sus labios rozaron mi oreja, no terminó la frase. ¿Qué quiso decir?
- ¿A la hija de quien, Nicolas? – le pregunté, sintiendo cómo mi propio corazón se aceleraba.
- ¿Qué tiene que ver mi familia con todo esto? ¿Tu conociste a mi papá? – le pregunté, pero él no me respondió.
Sus labios capturaron los míos nuevamente con una ferocidad que me dejó sin aliento. No hubo espacio para las dudas, ni para las preguntas sobre mi padre o sobre los secretos que la familia Danger ocultaba.
En ese momento, en esa habitación iluminada por la tenue luz de la luna rusa que entraba por la enorme ventana, el mundo exterior dejó de existir.
Nicolás soltó un gemido de frustración, sus manos bajaron por mi espalda, apretando la seda del vestido n***o contra mis curvas... podía sentir su hombría en pleno esplendor... me llevó hacia la cama, sus manos grandes y seguras reclamaron cada centímetro de mi piel.