Capítulo 79. Sin ninguna explicación. El motor del auto que llevaba a Laura y a su bebé ronroneaba con suavidad mientras se alejaba de las zonas más vigiladas de Ginebra. Ella, sentada en el asiento de atrás, mantenía una mano firme sobre el cuerpecito de Dante quien ahora dormía placido luego de haber sido alimentado por ella, ajeno al terremoto que su madre acababa de provocar. Cuando finalmente cruzaron el umbral del escondite, la Madame Nadia la esperaba en la puerta, con el rostro marcado por el de alivio y la urgencia de querer saber cómo le fue. - Todo salió como lo esperaba madame – le dijo Laura al ver su rostro. La anciana respiró profundo. Nunca se había sentido tan angustiada como ese día. - Lo hiciste, niña – susurró la anciana, ayudándola con el bebé. - Pero no tenem

