Adele estacionó frente al portón con el corazón acelerado, no por la reunión que acababa de pactar… sino por lo que implicaba. Desde que Armando murió, desde que su madre enfermó, desde que los domingos se apagaron, en esa casa solo iba ella y Jordana. Su padre no podía por las emociones encontradas, por esa misma razón ella era reacia a invadir esa casa, no quería que nada cambiará sus recuerdos, era casi un museo homenaje a Irmina. Al ingresar, nuevamente tuvo la sensación de que la casa olía distinto por las noches. Era el mismo perfume tenue a lavanda que había quedado impregnado en las cortinas, en los libros, en la madera del pasillo. Pero por la noche parecía más presente. Como si el silencio lo despertara. Dejó el bolso sobre la silla del comedor y caminó directo al estudio. La p

