Capítulo 10: ... Libera emociones reprimidas

2514 Words
YO EN MODO: ¡OMG! — Te acepto la cena — Le respondo mientras escucho como mis neuronas comienzan a fundirse una después de la otra. — Incluye desayuno, no lo olvides — Susurra mirándome a los ojos y solo pienso en desvestirme lo más deprisa posible ¡Stop! — Seguro podemos dejarlo para otro día — Le sostengo la mirada, me muero por decirle que me encantan las fresas con crema en la mañana y el chocolate caliente. Es que, como me siento en este momento, podría hasta ir a hacerle la compra yo misma. — Cómo quieras, cocino muy bien, tanto, que estoy seguro de que gritarías de la emoción y por supuesto, gritar siempre está permitido, libera emociones reprimidas — Entrecierro mis ojos ¡Acabo de fundirme y de queso no tengo nada! Sé que no está hablando del desayuno, pero estoy impresionada por la manera en la que me ha envuelto con sus palabras. — Es probable que grite de la emoción, o tal vez no, en realidad no me gusta tener emociones reprimidas — Me inclino un poco y acerco mis labios a los suyos, observo como sus parpados descienden y su mirada se centra en mis labios — Y por el día de hoy, el trabajo ya está hecho — Susurro contra sus labios, para luego sonreír y volverme en dirección a mi casa. — Vas en sentido contrario, Zoa — Lo sé, por un segundo estuve a punto de atravesar la calle y entrar directamente en su edificio. Lo dicho, mis neuronas se han fundido o se ha ido de vacaciones. — Por supuesto, había olvidado la cena — Él se vuelve hacia la calle y estira su mano. Me quedo observándola por un segundo, intentando aceptar que he comprendido correctamente, porque lo peor sería que me ponga de ilusa a imaginarme cosas y que solo esté ofreciéndome su mano para despedirse o algo así. Después de un corto titubeo, tomo su mano y siento que mil mariposas deambulan locas y lujuriosas dentro de mi vientre ¡Esto va a ser un desastre! Abro la boca impresionada al ver su apartamento, en realidad es un aparta-estudio en el último piso del edificio, es como una especie de buhardilla con una sala de baño y un pequeño espacio para la cocina. Además, que huele fabuloso y tiene una pequeña chimenea. La puerta del balcón está abierta y podría jurar que este lugar está lleno de luz en el día, no tiene muchos muebles, aparte de un sofá con una tabla baja y grande sobre una alfombra y un biombo que al parecer separa la cama del resto del apartamento. Observo impresionada varios cuadros contra la pared, un caballete, un largo mueble en escala, igualmente contra la pared, con implementos de pintura ¡muchos! Diría yo. — ¡Eres un pintor! — Exclamo en un susurro, impresionada mientras continuo observando algunas plantas que complementan la decoración. — En mis tiempos libres — Me vuelvo a mirarlo y me sorprendo al remarcar que se encuentra en la esquina de la habitación, recostado contra la pared, mirándome intensamente. — ¿Qué sucede? — Pregunto un poco incómoda, me he sentido complemente desnuda ante su mirada y no solo de cuerpo, como si estuviese concentrado en mi alma. — No me había fijado en lo hermosa que eres, tu aura es increíblemente apasionada — Sonrío nerviosa. No estoy acostumbrada a este tipo de comentarios, en realidad no lo comprendo y no creo que muchas personas estarían de acuerdo con él sobre lo de apasionada. — Yo... — Me sueno la garganta, esto se está volviendo muy intenso — Gracias — Sigo susurrando, no sé por qué lo hago, pero no logro hablar normalmente — ¿Y tu trabajo? ¿A qué te dedicas? — Llevo mi mano a mi cuello, me siento tan caliente y humedad, que tengo la apremiante necesidad de frotar mis muslos. — Hago un poco de todo, sobrevivo — De manera abrupta se dirige a la cocina — Siéntete cómoda, cenaremos pronto. Me siento en el sofá, sigo pasando mis manos por mi cuello y reflexiono sobre lo que ha pasado y sobre cómo me siento, y aunque rechacé su desayuno, no puedo negar que me muero por sentirlo deslizándose entre mis piernas. No quiero ser una más de su lista de chicas y por supuesto, no quiero parecer tan necesitada. Aunque en realidad lo estoy, porque teniendo en cuenta mis inicios en la sexualidad con el idiota de Lorenzo y todo el tiempo que llevo de abstinencia después de él y para rematar el hecho de que observo a Aramis desde mi balcón, está empezando a sobrepasarme, ya parezco una chimenea ¡Encendida! Aunque estoy segura de que he decidido acertadamente, el problema será mantener mi decisión hasta el final de la cena y marcharme a casa, sana y salva... ¡Y frustrada! — La cena — Se acerca y empieza a poner la mesa en la tabla baja de la sala, ha traído velas, que enciende de inmediato y reduce la iluminación artificial. El ambiente es increíblemente romántico y seductor, al parecer se le dan muy bien estas cosas. — ¿Y tu novia no va a ponerse celosa si se entera de esta cena? — Le pregunto cuándo se ha sentado sobre la alfombra. Dudo un momento y luego hacer lo mismo, me siento frente a él, donde ha puesto el otro cubierto y los nervios empiezan a hacer presa de mí. Recuerdo mi pregunta y pienso en la chica de esta mañana, aunque estoy segura de que no era su novia, quiero escuchar su respuesta. — No tengo novia — Por supuesto, la pobre no podría soportar tantos cuernos. — ¿Y la chica de esta mañana? Parecía estar muy... — Me callo y lo miro, lo recuerdo besando a la mujer en el auto mientras esperábamos el cambio del semáforo, siento mis mejillas calientes. — ¿Muy qué, Zoa? — Parpadeo en varias ocasiones ¡Qué calor hace en este sitio! — Parecía tener una urgencia — Digo bajando la voz ¿Por qué me meto en estos líos? — La tenía — Me responde y se muerde los labios ¡Por Dios! Estoy muy segura de la urgencia de la chica — Sin embargo, eso no la convierte en mi novia. No tengo y no voy a tener, no es mi tema — Vuelvo a parpadear y siento como si hubiese recibido un golpe seco, en el vientre. Ya me imaginaba casada y con hijos de Aramis. — Es una posición muy radical ¿No crees? — Ni siquiera sé por qué lo digo, si hasta hace poco yo decía lo mismo. Empiezo a comer, tengo hambre, con todas las emociones del día no he tenido tiempo de nada. — No lo consideraría radical, solo una posición sincera — Asiento y me llevo un bocado a la boca ¡Está delicioso! — Estás muy tensa, no te invité para que continuaras igual que después del accidente, te invité para que te relajaras — Pienso en la única manera en la que podría quitarme todo el estrés que tengo, ¡en un orgasmo! Perdón. Tendré que irme en un segundo. — No he tenido un día muy bueno que digamos — Confieso y suspiro. — ¿En qué trabajas? — Dejo de comer y lo miro. — Soy publicista — Me muerdo los labios. — No hagas eso — Susurra con su mirada fija en mis labios ¿Tendré comida? ¡Qué vergüenza! — Si no quieres desayunar conmigo, no vuelvas a hacerlo — Su voz suena más grave, más profunda y yo siento que mis fundidas neuronas se han deslizado hasta mi v****a. — Quiero — Digo medio hipnotizada — Pero no ahora, no mañana — Al instante, estoy siendo recostada contra el mueble y su cuerpo se presiona contra el mío, sus labios toman los míos de manera apasionada, me dejo besar durante algunos segundos, para luego responderle de la misma forma. Su mano se desliza por mis piernas, su boca acaricia mi cuello, para volver a la mía y continuar besándome. — No tienes necesidad de desayunar, puedo esperar por ese momento — Sé que quiere que lo hagamos aquí y ahora y yo muero por hacerlo de igual manera, pero eso solo va a convertirme en una más y lo más probable es que no vuelva a verlo, bueno, no de esta forma. He comprendido que no quiere estar con nadie, pero si llegamos a tener sexo, quiero que nunca lo olvide, que no me olvide entre tantas mujeres. — Tengo que irme — Susurro contra sus labios e intento terminar el beso. — ¿Estás segura? — Vuelve a besarme y me dejo llevar por unos minutos, respondo a su beso con pasión y siento como todos mis sentidos se funden por completo, su lengua se apodera de cada resquicio de mi boca y mi cuerpo se estremece. ¡Nunca me había sentido de esta manera! Como si mi cuerpo se encendiera. Empiezo a dudar de mi decisión, si al final quiero estar con él, ¿Quién me garantiza que si no lo hago ahora y espero un poco más, voy a significar algo importante en su vida? Empiezo a caer en su hechizo, le devuelvo el beso, pasando mis manos por su cuello y deslizándolas por su espalda. Sentir sus músculos hace que mi centro se contraiga y encoja los dedos de mis pies; sin embargo, busco la forma de resistir y ser fiel a mi decisión, pero sus besos me embriagan, mi respiración se entrecorta y pierdo la noción del tiempo y de todo lo que me rodea. Hasta que siento como Aramis me levanta y me presiona contra la pared, la imagen de la primera chica que vi en su balcón me llega de repente ¡No quiero ser una más! Al menos, no una de una sola noche. — ¡Detente! — Hablo fuerte, lo empujo y me deslizo hasta el suelo. Aramis frunce el ceño y levanta sus manos evitando tocarme — Tengo que irme — Tomo mi bolso y me dirijo hacia la puerta. — Zoa, espera un momento — Escucho su voz y niego con mi cabeza, tengo mi cabello completamente desordenado. — Gracias por la cena, Aramis — Salgo de su apartamento antes de que él pueda decirme algo, no puedo caer, no tengo la fuerza suficiente para resistirme si lo escucho. Algo me dice que he tomado la mejor decisión. Aunque me he arrepentido en el mismo segundo en el que le dije que se detuviera. — ¡Padre! — Tengo varias llamadas perdidas de él y debe estar muy enojado porque no le he dicho nada sobre Devereux, es que hasta había olvidado que tengo que hablar con ese idiota. “¿Dónde estás? ¿Por qué no te reuniste con el hermano pequeño de Devereux?” Estoy segura de que mi padre debe estar en este momento pellizcándose la nariz o con las mejillas coloradas por la ira. — Papá, tuve un inconveniente, lo siento mucho, pero no creo que sea necesario que me reúna personalmente con él, ya viste que no nos soportamos — Le digo mientras espero que llegué el ascensor del edificio de Aramis ¡Cómo tarda esta cosa! “Te quiero mañana a primera hora en su oficina” ¿Qué? No, tengo una vida y muchas cosas que hacer. — Padre, las oficinas de las empresas Devereux están al otro lado de la ciudad, perderé todo el día y... “No trabaja en las empresas Devereux, se nota que no prestaste atención a nada relacionado con este cliente, por eso estamos como estamos” Ahora resulta que soy yo la responsable de todos los líos en los que se ha metido mi padre. — Padre, no tengo nada que ver con tus problemas y… “Mira, princesa” Hago un gesto de desagrado porque odio cuando mi padre me llama de ese modo. “Eres lo más importante para mí, pero te aseguro que si no buscas a ese chico, nuestra empresa estará acabada y no tendré ningún legado que dejarte” Por eso es mejor no trabajar con la familia, ser independiente y alejarse de los padres locos con problemas económicos. En realidad no lo pienso, mi padre es un amor, cuando no hostigo su furia. — Iré a verlo, padre, solo envíame su dirección y estaré ahí mañana muy temprano — El ascensor no llega, vuelvo a apretar el botón de llamada y comienzo a desesperarme, no deseo que Aramis salga y me encuentre aquí parada como una idiota. “Búscala tú, de la misma manera que tuviste agallas para insultarlo, ahora encuéntralo” Mi padre me cuelga el teléfono en el mismo momento en el que las puertas del ascensor se abren. Me ha dejado con la boca abierta, siempre he sido su niña querida y nunca me había tratado de esta forma. Al parecer, esto es muy serio y debo empezar a preocuparme sobre lo que dijo referente a nuestra situación económica, que todo indica que es más grave de lo que pensaba. Llego a casa y a pesar de que acabo de salir de su apartamento, me dirijo a mi terraza y observo el balcón de Aramis. Mi corazón late con fuerza esperando a que salga, si está acompañado por una chica, voy a morirme, porque quiere decir que finalmente no le importa con quién se acuesta, solo meterlo en algún lado y calmar su calentura. Tomo una copa de whisky, no me gusta mucho, pero dado mi nivel de estrés, un vino no me serviría de nada, espero de pie, ansiosa y casi comiéndome las uñas de todos los dedos de mis manos. Sé que debería estar buscando la dirección del idiota de Devereux, pero no podré concentrarme en nada hasta que esté segura de que Aramis esta noche se irá a la cama sólito. Mi corazón se relaja cuando lo veo salir al balcón, está solo y lleva una copa de licor en sus manos. Pareciera que habla con alguien, pero no puedo ver a la persona. Mi corazón, que estaba suspirando por lo lindo que es, se paraliza cuando una mujer alta y rubia, que nunca había visto, sale al balcón y choca su copa con la de Aramis en un brindis. Este estúpido órgano, que solo sirve para equivocarse y elegir siempre a los hombres que no me convienen, empieza a latir a mil por hora y de inmediato, siento un vacío intenso y doloroso en medio de mi vientre. — ¡Maldito puto! — Grito y estrello mi copa contra el muro contenedor de la terraza y luego, sin esperar a que estampe a la chica contra la pared, como lo ha hecho con las otras y pensaba hace algunos minutos hacerlo conmigo, entro a mi apartamento y continúo gritando como una estúpida, histérica y loca. ¡Detesto a los hombres putos!
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