Capítulo 23

1431 Words
Paso los siguientes minutos dudando de todo, recuerdo las primeras semanas cuando cada noche observaba desde mi ventana cómo Aramis se follaba mujer tras mujer. ¿Eso ha cambiado no? La duda me embarga, no puedo estar segura; esta semana he llegado tarde a casa y él lo ha sabido, así que pudo haberle resultado fácil engañarme. Sin embargo, él no sabe que puedo verlo desde mi terraza. ¿Por qué Lila tuvo que decirme eso? — ¡Nena! — Aramis me espera al lado de los ascensores de la recepción, todo está desierto, imagino que todos se encuentran en la cena. Me abrazo a su cuerpo y respiro con fuerza. Me encanta su olor, entre pintura, óleo, madera, y su olor característico que cada vez que lo tengo cerca inunda mis sentidos. — ¿Has esperado mucho? — Le pregunto y él toma mi cara entre sus manos y me besa con calma, con tanta calma que siento cómo se me erizan los poros de la piel. — He llegado hace un minuto — Me responde mirándome a los ojos y con el ceño fruncido, se acerca a mí y vuelve a abrazarme — Muero por volver a saborearte, estoy seguro de que me estoy convirtiendo en un adicto de tu olor y de tu sabor — Cierro los ojos y aprieto las piernas. ¿Por qué me dice eso ahora, cuando los chicos de seguridad están mirándome detenidamente? Además de que me siento incómoda porque la duda persiste en mi mente y no se aparta de mis pensamientos. — ¿Podemos saltarnos la cena y la fiesta? — Sonrío ante su sugerencia y me deshago de su abrazo. — Lo siento, soy una de las jefas — Mientras lo esperaba, recibí un mensaje de mi padre en el que me advertía que no fuese a llegar tarde. En la oficina me puse una camisa de seda, y una falda recta negra, que me llega hasta las rodillas y estiliza mi cuerpo. Me dejé el cabello suelto y me puse un poco más de maquillaje y terminé con los zapatos rojos de tacón que he llevado hoy todo el día. Sé que no me esforcé mucho, pero no pensaba ir. — Estás hermosa —me susurra dejándome un suave beso y me toma de la mano — Vamos a esa cena, tengo el auto estacionado al frente. — En realidad, el restaurante está a tres cuadras, así que creo que podemos caminar, perderemos más tiempo buscando donde parquear. — Estamos cerca, podemos caminar —le sugiero y él asiente. Me pongo mis gafas de sol Y sonrío, se siente increíble caminar tomada de su mano. Agosto acaba de empezar, hace calor y la ciudad está casi vacía o con muchos turistas. Los parisinos se han ido de vacaciones mientras yo trabajo como estúpida para el imbécil de Travis. — Hace mucho calor, ¿verdad? — Susurro y Aramis aprieta mis manos. — Me gusta París en agosto, tienes razón, hace mucho calor, pero hay pocas personas y puedes apreciar cosas que antes no habías notado — Me dice y sonrío porque me ha mirado mientras hablaba como si estuviera refiriéndose a mí — Tengo que decirte algo importante —mi cuerpo se tensa por completo cuando escucho su tono serio. — ¿Sucede algo malo? — Sé que últimamente ha estado buscando una nueva galería de arte, así que espero que no sea algo relacionado con su trabajo. — Sabes que no trabajo más con Leticia y como por ahora no tengo muchas pistas y debo entregar el apartamento, así que voy a trabajar en las noches — Me detengo al escucharlo, él hace lo mismo y me mira con un gesto muy serio — He vuelto al bar donde trabajaba cuando llegué a París — Frunzo el ceño. Parece que soy una egoísta porque después de que rompió su relación laboral con Leticia, no volví a preguntarle nada sobre ese tema. No pensé que tuviera tantos problemas por haber dejado de trabajar con esa mujer. — Podrías trabajar con nosotros, dibujas muy bien y estoy segura de que en nuestro departamento artístico podrías aportar muchísimo y además te tendría cerca todos los días — Me atrevo a sugerirle. Aramis continúa frunciendo el ceño, pasa un dedo por mi frente y retira mi cabello con delicadeza. — No estoy contigo para que me resuelvas la vida, nena — me responde con un todo un poco más grave que de habitud. Me deja un suave beso en los labios, vuelve a tomar mi mano entre la suya y retomamos el camino. — Voy a vivir con unos de mis compañeros, no te preocupes que pronto encontraré algo mejor — ¡Oh por Dios! ¡Va a irse de su apartamento! A veces me pregunto lo egoísta que puedo llegar a ser. El pobre tiene un problema con su trabajo y tiene que entregar el lugar donde vive y a mí solo se me ocurre pensar que no podré espiarlo más. ¡Estoy obsesionada! — ¿Vas a cambiarte de ciudad? Porque... — Aramis deja un dedo sobre mis labios. — ¡Zoa! — La voz de Lila nos interrumpe y me vuelvo hacia ella, no me había fijado en qué habíamos llegado al restaurante. — Querido Aramis, qué gusto verte, estás majestuoso — Levanto una ceja y miro a Lila disgustada por la forma en la que le ha hablado, sin tener en cuenta todo lo que hace unas horas me dijo sobre él. — ¿Cómo estás, Lila? — La saluda Aramis y ella de inmediato se clava a hablar sobre la vergüenza que siente por lo íntimo y vergonzoso de la situación en la que los dos se conocieron. ¡De verdad que se pasa! — ¿Entramos? — Al parecer, Lila adora este bar, a donde vinimos hace poco tiempo cuando volvió el idiota de Lorenzo. Ella estuvo encargada de organizar la fiesta con la secretaria de mi padre. Siento cómo todos me miran cuando entro al restaurante, mis manos empiezan a sudar en el momento en el que veo a mi padre observándonos de manera interrogante. Si no me calmo, esto seguramente será un desastre. Aramis es alto y tiene una presencia física imponente e increíble. Entre chico malo y hombre elegante y arrogante que me encanta; va vestido de n***o y se ve maravillosamente comestible. — ¿Es mi idea o todas las chicas miran a tu hombre como si fuera un pedazo de carne jugosa?— Cierro los ojos, muerta de vergüenza porque estoy segura de que Aramis escuchó el comentario de Lila. — Sabes que solo soy tuyo y que me tienes cuando quieras — Aramis me susurra al oído, rodeando mi cintura con su brazo. Mis mejillas me empiezan a arder al escucharla y ser consciente del lugar en el que estamos. ¡Hace calor aquí! — ¡Vamos! — Le digo sin responder a su comentario, entrelazando de nuevo nuestras manos. Intento ir hasta la barra del restaurante porque mi padre se dirige hacia nosotros, y el problema es que lo acompañan los hermanos Devereux. — Zoa, querida. Has llegado tarde — Sonrío de forma bastante forzada y suelto la mano de Aramis, estoy sudando y mi mirada por un segundo se entrelaza con la de Travis. — Lo siento, padre —le susurro, mientras el señor Devereux me saluda con dos besos en la mejilla y Travis se acerca a mí. — Buenas noches, Zoa — Dice escuetamente, me da dos besos, pero tengo la impresión de que el último estuvo muy cerca de la comisura de mis labios — Ya puedes respirar — Me susurra y cierro mis manos en puños, soltando el aire que por algún estúpido motivo había retenido — Aramis ¿Verdad? — Travis saluda a Aremis que no ha dejado de observarlo con fijeza, volviendo a tomar mi mano. — El mundo es un pañuelo, ¿verdad? —responde Aramis y en ese momento siento la mirada de mi padre, que espera a que le presente a Aramis y muerta de los nervios, lo hago, en un intento por evitar que se prolongue el momento incómodo. — ¿Ares? — Todos nos volvemos al escuchar la voz chillona e impresionada de la estúpida de la esposa de Lorenzo, que no ha dejado de mirar a Aramis mientras se acerca a nosotros.— Tú eres Ares, ¿verdad? ¿Qué haces aquí?—pregunta, al parecer, con aire inquieto. ¿Qué sucede? ¿Quién diablos es Ares?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD