YO EN MODO: ¡MALDICIÓN!
¡Maldición!
Reacciono cuando siento un fuerte dolor en mi espalda y cabeza, me he caído de la cama y me he golpeado, lo que me faltaba, teniendo en cuenta que me duele hasta el último músculo de mi pobre cuerpo, por la noche movida que tuve.
— ¡Maldición! — Son los ocho y treinta y cinco de la mañana y voy tarde a la estúpida reunión con Devereux. Esto es literal, comenzar el día con el pie izquierdo, porque no solo voy a llegar tarde, sino que también voy a verle la cara al idiota, a tan tempranas horas de la mañana.
Odio la alarma de mi teléfono, no ha sonado y ahora tengo que correr. Aunque, en realidad, no recuerdo haberla encendido.
Igual todo es culpa del idiota de Devereux, solo a él se le ocurre programar una reunión a horas, como si la gente no durmiera. ¡Solo a él y al resto del mundo, Zoa!
Salgo corriendo, porque solo puedo darme una ducha rápida, pero cuando paso por el espejo de la sala del baño, observo mi rojizo cabello hecho un desastre, parezco una medusa. Busco un elástico y, mientras intento recogerlo en una coleta, mi codo golpea contra la pared.
— ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! — Duele horrible. Voy a matar al idiota de Travis. Ese el único culpable de todas mis desdichas.
Después de lograr bañarme y vestirme en diez minutos, corro por el bolso que dejé cerca de la mesa de la puerta de la terraza.
¡Hace mucho calor! Llevo un sencillo vestido recto hasta mi rodilla color beige y zapatos de tacón del mismo color, decido recogerme el cabello porque definitivamente no podría hacer nada con él, en la desastrosa situación en la que se encuentra.
Necesito un café, pero es claro que no podré tomarlo ahora y voy a perder los nervios si tengo que pasar toda la mañana sin mi cuota diaria.
Tomo mi bolso y en el preciso momento en el que levantó la mirada para girar y salir de mi casa, algo llama mi atención y me dirijo al exterior del apartamento para observar un poco más de cerca.
— ¡Aramis! — Pensé que dormiría a esta hora por lo que pasó anoche y porque no me ha escrito. Esperaba que me preguntara cómo estoy, aunque la verdad es que me fui de su casa sin decir nada. Debe pensar que solo fue un momento de diversión.
Miro mi reloj, son las nueve menos diez, por lo que está claro que llegaré tarde. Debería escribirle a Lila para que le informe a la secretaria de Travis. Sin embargo, antes de que lo haga, me quedo paralizada mirando hacia el balcón de Aramis ¿Estaré haciendo mal por no decirle que puedo ver todo lo que hace?
Él, tiene una taza que cierra entre sus dos manos, lleva gafas de sol, una camiseta blanca y jeans. Su mirada pareciera dirigirse al horizonte y lastimosamente estoy muy lejos como para poder detallar su expresión.
Mi teléfono empieza a sonar y veo en la pantalla el nombre de Lila.
— Dime, Lila — Suspiro observando a Aramis y recordando todo lo que me hizo sentir apenas hace unas horas.
“¿Dónde andas? Devereux te está esperando”
Mi estúpida sonrisa se desdibuja de inmediato.
— ¿Qué tipo de secretaria y amiga eres tú que no llamaste más temprano para despertarme? O ¿todavía estabas enredada con mi pasante? — Le digo recordando lo que hizo ayer y cómo me enteré de la forma en las que ayuda a esos pobres chicos.
“Zoa no vas a...”
— Te hablo luego, dile al idiota de Devereux que estaré ahí en treinta minutos —la interrumpo para luego terminar la llamada cuando observo a una mujer alta y de cabello oscuro, salir al balcón y acercarse a Aramis.
Mis manos empiezan a temblar y aprieto, con mucha fuerza, las llaves de mi auto contra una de ellas. Siento un leve dolor en el pecho y un vacío en el vientre. Espero que no vaya a tirarse a esa mujer, no después de lo que pasó entre él y yo.
Olvido mi cita e intento observar lo que sucede frente a mí, Aramis se vuelve y me da la espalda, no puedo ver claramente lo que hace, mi corazón late apresurado, solo espero que las manos de la mujer recorran su cuello o que él la levante en peso, como lo hizo conmigo y luego la pegue contra la pared.
Pero ¿qué hago aquí esperando a que se folle a otra mujer, pocas horas después de que abandoné su cama? Esto no es sano, tengo trabajo y no puedo dejar de lado las cosas importantes de mi vida por ... Por Aramis.
— Pareciera que me pagaran para elegir a los peores — Susurro y abandono la terraza con un nudo en el vientre.
Antes de salir de mi apartamento me miro en el espejo y compruebo que no se me note la desilusión, pongo una sonrisa falsa y me preparo para ir a ver al otro idiota.
El tono de mensaje de mi teléfono me obliga a detenerme ¡Ahora falta que hayan cancelado la reunión!
Nena, te extrañé, esperaba verte esta mañana al despertarme, he terminado de hablar con una clienta complicada y solo pensaba en ti. Muero por verte. Aramis.
Corro a la terraza y vuelvo a golpearme con el filo de la mesa al pasar ¡Mierda! Hoy no es mi día. Observo su balcón, ahora con el corazón acelerado por la esperanza y las ganas de que me esté diciendo la verdad, la mujer se haya ido y no haya nadie con él.
— ¿Es que ni para eso tengo chance hoy? — Como si contestaran a mis peticiones, me llevo la mano al pecho para calmar mis latidos cuando veo a Aramis salir al balcón con la misma taza en una mano y el teléfono portable en la otra. ¿Estará esperando mi respuesta?
Con manos temblorosas contesto y espero contiendo el aire.
No quise despertarte. Yo también tengo un día complicado y muero por verte. Zoa.
Tal vez debí decirle otra cosa, pero no estoy enseñada a intercambiar mensajes de este tipo con nadie.
Veo cuando él pasa su mano por su cabello y continúa con el teléfono en su mano, escribe, escribe y luego niega con la cabeza y deja el teléfono a un lado, para tomar la taza y beber del líquido de su interior.
No tengo ningún mensaje, lo que probablemente quiera decir que decidió no escribirme.
¿Dónde estás?
— ¡Ay Dios! Mi padre va a matarme — Corro hacia la salida al ver su mensaje y por el camino adelanto mi cuerpo en la silla del conductor, como si con ese gesto pudiera avanzar mucho más deprisa.
— No, no, no, no — Detesto este semáforo, siempre pasa de todo en este lugar.
¡Hasta conocer a Aramis! Pienso en él y sonrío como una idiota, pero de inmediato la cara del idiota de Travis se dibuja en mi mente y hago un gesto de fastidio.
— Señorita Bellerose, cuéntenos si este será su comportamiento habitual, para no estresar a mis colaboradores y dejarlos descansar un poco más en casa — suspiro, al escuchar las palabras de recibimiento de Travis cuando por fin logro entrar a la sala de reuniones.
Son las nueve y cuarenta y sé que mi padre va a jalarme las orejas, porque la puntualidad es uno de los valores de la empresa.
— Entiendo, señor Devereux, para una próxima vez, la cita podría ser a las diez y así nos quedaremos todos contentos y sus colaboradores podrán descansar un poco más — Le sonrío falsamente y las dos personas que lo acompañan, abren los ojos desmesuradamente, al parecer acabo de ofender a su jefecito.