En la actualidad
YO EN MODO... ¡DESESPERADA!
— Hola, ¿Cómo se siente? — Escucho el ruido de la sirena y siento que mi cuerpo se encuentra en movimiento, pero estoy segura de que estoy acostada y en una ambulancia.
Intento levantarme y el joven bombero, que además está increíblemente guapo, no me permite hacerlo.
— Tranquila, llegaremos pronto — Me dice y mi corazón empieza a latir con fuerza.
¿Vamos a un hospital? Odio los hospitales, siempre lo he hecho, es una especie de fobia sin sentido que mis padres nunca se lograron explicar. Aunque yo podría jurar que se debe al hecho de que nunca tuvieran tiempo para llevarme y que el médico siempre viniera a casa, hasta que un día me hice una herida en la rodilla en el colegio y fui llevada al hospital. La experiencia me pareció tan horrible que siempre siento mucha ansiedad y palpitaciones cuando debo ir a uno.
— Estoy bien, quiero irme a casa, por favor no me lleve a un hospital — Le digo un poco desesperada al chico bombero.
— Se ha desmayado y ha tardado demasiado tiempo en reaccionar, es necesario que la vea un médico y le hagan algunos análisis — Esto es peor de lo que pensaba, no quiero análisis, no quiero que me pinchen con nada y deseo volver a la seguridad de mi casa.
— No, no, lo siento, pero no puedo ir, por favor, se lo ruego — Mis ojos empiezan a humedecerse cuando soy consciente de que hemos llegado.
— Tranquila, si puede bajar, la llevaré en una silla de ruedas — El chico me ayuda a bajar y observo cómo su compañero acerca una silla de ruedas.
No puedo entrar en este lugar, de solo leer la palabra «Urgencias» siento que voy a morir, mi boca se seca y actúo sin pensar. Golpeo en sus partes sensibles al guapo bombero que me ha ayudado a bajar de la ambulancia y empiezo a correr.
El chico está intentando reponerse y su compañero ha salido detrás de mí, ¿Qué hago? No soy muy buena corriendo y sé que va a alcanzarme pronto.
— Oye, aquí — En medio del ruido de la calle y de las palpitaciones que siento amplificadas en mi oído, escucho la voz profunda de un hombre y observo como levanta su mano.
Mi corazón se acelera por completo ¿Qué hace aquí? Aunque eso en este momento no me importa, podría volver a desmayarme con solo verlo, pero ahora mi prioridad es otra.
Corro hacía él, que se encuentra en un taxi que se ha estacionado cerca de las urgencias del hospital, la puerta se abre y entro lo más rápido que puedo, veo de reojo como el bombero llega a nuestro lado y el taxi se mueve en ese momento.
— ¿Por qué querías escaparte? ¿Tienes problemas legales? — Levanto la mirada al escuchar la voz burlona del idiota que me gritó en el semáforo, se encuentra en la parte delantera del taxi, se ha vuelto a mirarme y sus ojos claros y fríos me detallan de arriba a abajo.
— ¿Qué hace este idiota aquí? — Pregunto al buenorro de mi vecino, al hombre que desde hace más de dos semanas espío desde la terraza de mi casa.
— Imagino que te refieres a mí, niña rica, si se te olvidó en tu breve momento de desvanecimiento, has chocado mi coche y has escapado del lugar — Abro los ojos, impresionada ¿Cómo puede decir eso? No fui yo quien llamó a una ambulancia.
— En realidad fui yo quien chocó su auto — Dice el vecino buenorro con su profunda voz y mi corazón se derrite al escucharlo.
— Esto es entre la niña mimada y yo, además, ella también debe firmar para que el seguro me responda — El muy idiota se atreve a llamarme niña rica cuando tiene un auto extremadamente costoso.
— Cualquiera diría que te han prestado ese auto, no te preocupes, mi seguro va a cubrirlo todo — Le digo y empiezo a buscar mi cartera — ¿Dónde está mi bolso? — No puedo creerlo, lo más probable es que en medio del accidente lo haya perdido.
— No llevabas nada cuando te desmayaste y solo encontramos los documentos de tu carro, que debes tener en el bolsillo de tus pantalones, los he puesto ahí — reviso rápidamente y encuentro los documentos, mi bolso y mi cartera deben estar debajo de mi silla en el auto, siempre de manera mecánica hago lo mismo y los dejo en ese lugar.
— ¿A dónde vamos? — Tengo la impresión de que estamos volviendo al lugar del crimen, bueno, en realidad no es un crimen, pero sí, un accidente.
— Tendremos que bajarnos aquí, princesita, y si no lastimas tus lindos piececitos, vamos a caminar — ¡Cómo detesto a este tipo!
— Déjela tranquila — Mi amor platónico, que al parecer se ha vuelto muy real, me ayuda a salir del auto y toma mi mano mientras camina con paso firme y seguro por el andén, y las mariposas se dan un festín en mi vientre, y mis piernas tiemblan y no por el accidente.
Me siento suya y lo siento mío, hasta que llegamos al lugar del accidente, donde una grúa se encuentra manipulando mi auto.
— ¿Por qué se lo van a llevar? — Pregunto bastante estresada.
Mientras iba en el taxi he enviado un mensaje a Lila cancelando la reunión de hoy, lo que va a crearme un problema con mi padre.
Porque debemos presentar muy pronto la campaña publicitaria de una empresa de vinos, que se han vuelto muy famosos en el país y en el exterior y mi padre desea trabajar con ellos, tuve que rogarle para que me diera esa cuenta.
— Tu coche ha sido el más afectado y no lograron arrancarlo — Me responde el buenorro.
Su auto y el del idiota se encuentran bien estacionados y a pesar del choque al parecer pueden moverse sin problema.
— No te preocupes, puedo ayudarte con lo que desees, Zoa — Escuchar mi nombre en sus labios me envuelve en un país de fantasías completamente eróticas, en segundos lo imagino sin nada de ropa, mientras estoy siendo rodeada por su musculoso cuerpo.
— ¡Cariño! — Recuerdo esa voz estridente, abro los ojos al sentir como mi el guapo de mi vecino me suelta la mano y se deja abrazar por la chica que lo acompañaba — ¿Todo va bien? — Se vuelve a mirarme después de estampar un beso sonoro contra la boca de mi hombre ¡Ya estoy pensando estupideces! — ¿Te encuentras mejor? Van a llevar tu coche a un taller, pero no te preocupes, han dicho que podrás llevártelo pronto, al parecer solo es algo de rutina — Sonrío levemente y le agradezco a la chica ¡Tonta ilusa!
Me ha empezado a doler la cabeza de solo verla, aunque estoy segura de que pronto no estará más en la vida de mi vecino, porque lo máximo que lo he visto con la misma mujer, ha sido dos veces.
— Es difícil cuando no puedes cumplir con los estándares de alguien ¿Verdad? — Me quedo mirando al idiota del rubio ¿Cómo se le ocurre decirme eso?
— Dame el documento — Le digo con los dientes apretados, tomo el documento que me entrega, observo el croquis que han hecho del accidente y mis ojos se concentran en los datos del tercer implicado en el accidente.
— Aramis Lennox — Susurro ¡Qué nombre tan hermoso y masculino!
— Vale, firma el documento y lárgate, ya me has hecho perder bastante tiempo, niña rica — Levanto mi mirada cargada de furia e indignación ¿Quién se cree este imbécil para tratarme de esta manera?
— Un momento, imbécil. No entiendo por qué te has quedado y has perdido tu tiempo, cuando estoy segurísima de que puedes pagar los arreglos de tu auto y hasta comprarte uno nuevo con solo chasquear los dedos, así que no vengas ahora a insultarme, niño rico —
Lo empujo y por un segundo siento como mi cuerpo se estremece ¿Qué ha pasado?
Bajo la mirada rápidamente y al levantarla de nuevo, una sensación extraña hace presa de mí, es como si conociera a este imbécil, pero podría jurar que nunca en mi vida lo he visto ¿O tal vez sí? Pero he estado pensando que lo conozco desde que hemos chocado ¡Seguro que es el dueño del Porsche que siempre me encuentro en este semáforo! En realidad, no soy alguien que se fije mucho en la gente, hasta que vi a mi vecino teniendo sexo en el balcón y se me convirtió en una obsesión.
— ¿Qué está pasando? — El hombre de mis múltiples fantasías se acerca con la idiota de su amiga.
— Nada extraordinario en lo absoluto, debo irme, pásame tu formulario — Me quedo mirando a mi vecino, esperando que entregue su formulario — Estoy hablando contigo, niña rica, nosotros ya hemos hecho el nuestro, mientras esperábamos a la ambulancia y tú jugabas a la chica victoriana — Le hago un dedo de honor y me dirijo a mi auto antes de que se lo lleven.
— Hola, soy la propietaria, tomaré mi bolso, ¿puede darme la dirección a la que lo llevan, por favor? Iré en un taxi — Ni loca voy a subirme al auto en esa grúa, el chico me entrega una tarjeta con los datos y me pide firmar la autorización de traslado.
De lejos observo al idiota mirando su reloj, el sol nos abraza con fuerza, mis pantalones cortos, pero elegantes, empiezan a incomodarme y mucho más con el vecino cerca. Me siento pegajosa por la faja, y tan húmeda y caliente que si por mí fuera, desaparecería al imbécil y a la chica que acompaña a mi Aramis y me perdería con él en su auto.
— Toma — Le digo al idiota con una sonrisa, entregándole el documento. Terminamos todo el protocolo y por un segundo, siento su abrazadora mirada sobre mi cuerpo.
— Hecho, que tengas una buena vida niña rica y espero que no vuelvas a cruzarte en mi camino — Se pone sus gafas de sol, se despide de Aramis y se dirige a su coche.
Yo lo observo algo perturbada por la sensación que me produjo su mirada, ¡espero no volver a encontrarlo en mi vida!
— Listo, ¿Necesitas que te llevemos a algún sitio? — Me derrito de inmediato frente a Aramis ¡Que vengan a recogerme a cucharaditas! Porque me he fundido.
— No te preocupes, he llamado a un taxi — En realidad no lo he hecho, pero seguro que no se dará cuenta.
— No tengo mucho tiempo, pero puedo acercarte, ya me las arreglaré — Me dice y yo encantada quiero aceptar, sin embargo, abruptamente soy consciente de que no estamos solos.
— Cariño, en realidad hemos perdido mucho tiempo, debemos irnos ahora — El tráfico ha comenzado a circular de manera normal cuando la grúa se ha ido y si quiero que mi auto no sufra más percances debería irme.
— Agradezco mucho tu ayuda — Le digo a Aramis como una idiota.
— Te he chocado el auto, no tienes nada que agradecerme — Intento no reír ante su comentario como si fuera estupidísima, observo a su amiga y trato de responder lo más neutral posible.
— De todas formas, me has ayudado mucho — ¡Y no sabes cuanto, querido!
— Soy Aramis, tienes mis datos en el documento, si necesitas algo, no dudes en llamarme — Miro rápidamente a la chica que no ha puesto una buena cara, mientras en mi interior, estoy saltando de la emoción ¿Está coqueteando conmigo?
— Zoa, pero ya conoces mi nombre — cierro su mano y me trago el impulso de acercarme y besarlo, hasta que me pegue a su cuerpo y me deje sin respiración ¡De nuevo!
— Que tengas un buen día Zoa, espero que no tengas inconvenientes con tu auto — La chica sonríe y los veo dirigirse a su coche.
Me siento perdida, al parecer, solo estaba siendo amable conmigo, porque al decirme que espera que no tenga inconvenientes, es como si estuviera diciéndome que espera que no lo llame.
Me quedo mirando como su auto se pierde en el tráfico y me lo imagino besando y tocando a la chica que lo acompaña y mi corazón se acelera al darme cuenta de que daría lo que fuera por estar en su lugar como en el de las otras.