Capítulo 6: … Solos

2063 Words
YO EN MODO… ¡MUERTA DE CELOS! Dejo la tasa en una mesa y no me detengo a comprobar si él puede verme desde su balcón, entro al interior de mi apartamento y me recuesto contra la puerta‐ventana, cierro los ojos y mientras mi corazón se tranquiliza, las imágenes del vecino y la mujer copulando vuelven a mi mente. Mis manos se mueven inquietas por mi cuerpo y la necesidad de calmar mi deseo se convierte en una prioridad, llevo mis manos a mi centro y las muevo con tal intensidad que cada central nerviosa reacciona. Me imagino en ese balcón, ocupando el lugar de la mujer y con el vecino haciéndome perder el sentido por completo, muevo mis dedos mucho más rápido, mi cabeza golpea contra la puerta-ventana y grito al liberar mi cuerpo de toda la tensión. Abro los ojos y vuelvo a cerrarlos al comprobar que estoy sola, que nadie me acompaña y que posiblemente nunca viviré una experiencia como la de la mujer del balcón. Un pensamiento loco llega hasta mi mente ¿Qué hubiese pasado si hubiera hablado hoy con él? ¿Si hubiese tenido el valor de decirle que desde hace días lo observo desde mi terraza? Tal vez sería yo la persona que hubiese estado en ese balcón, tal vez después de mí no volvería a querer mirar a otra mujer, tal vez… — ¿Zoa? Ábreme la puerta, sé que estás ahí, te he escuchado gritar — ¡Mi madre! Esto no puede estar pasándome, todavía siento palpitaciones en mi cabeza y debo controlar mi respiración — ¡Zoa! — Suspiro y me dirijo al cuarto de baño, no sé qué hace mi madre en la ciudad, pero estoy segura de que se cansará y se irá, al menos tendré la excusa de la ducha. Me pongo el pijama y me dirijo sigilosamente hasta la puerta y compruebo que mi madre se ha ido, no es que tengamos una mala relación, pero no somos muy cercanas y nunca he sido su prioridad, así que ella tampoco es la mía. Vuelvo a mi habitación, pongo el teléfono en silencio y paso parte de la noche mirando series románticas y sintiéndome mal por lo que acabo de hacer, no por lo de mi madre, por supuesto. Al día siguiente, me fijo en mi teléfono y descubro que mi padre estuvo llamándome, está furioso, porque al parecer ayer teníamos una reunión con un cliente muy importante, con el señor Nil Devereux, PDJ de una empresa con diferentes almacenes de electrodomésticos y productos tecnológicos para el hogar. ¡Voy a matar a Lila! No puedo creer que no me haya dicho nada, ahora mi padre quiere matarme a mí, porque al parecer tenemos solo una semana para hacerles una propuesta y mi padre está seguro que hemos empezado con mal pie. Pensaba ir a la oficina un poco más tarde, mientras me revolcaba en mi propia lástima y vergüenza al recordar lo que pasó anoche, pero por lo visto, no será posible y si no me muevo, seré crucificada y corro el riesgo de que mi padre le dé el proyecto al estúpido de Lorenzo. Y, aunque haya perdido el interés de vengarme de él, antes muerta que darle la satisfacción de quitarme un proyecto. Otra vez me encuentro en este semáforo que de verdad me estresa y no sé por qué tengo la sensación de que siempre estoy detrás del mismo auto, aunque no podría ser verdad, no siempre vengo a la misma hora y no existe un solo Porsche en París. No puede ser posible, el semáforo cambió a verde y el auto no se ha movido, ¿tendrá un problema de arranque? Los coches que se encuentran detrás de mi auto han comenzado a pitar, tengo mucha prisa, así que pongo el direccional para romper la fila y pasar por el otro lado. Pero los otros autos me han adelantado y cerrado el paso, impotente veo como el semáforo cambia a rojo y me preparo para esperar otro minuto ¡Desde hoy detesto los Porsche! — Zoa, ven a mi oficina — Mi padre me habla de manera tan seria, que solo puedo bajar la vista y seguirlo. — Lo siento padre, no sé qué ha pasado, Lila debió informarme sobre la reunión, pero al parecer ella tampoco recibió la notificación — Igual voy a colgarla, apenas la vea ¡Margaritas! Ahora va a ver cuántas margaritas puedo hacerle devolver en los aseos. — He comprobado que hubo un error, Zoa, la información no llegó a tu secretaria — Suspiro aliviada, la pobre podrá mantener sus margaritas reposadas en su vientre — Lo que no concibo, es el hecho de que te hayas ido de la oficina tan temprano y que aparte de eso, no contestases las llamadas. Me han informado que en los últimos días te vas lo más rápido posible ¿Qué está pasando, Zoa? Esa no es la actitud de una futura directora y propietaria de una agencia de publicidad — Me siento como una estúpida, seguro que no puedo decirle a mi padre que me voy temprano a casa, para ver como mi vecino, al que no conozco y el que al parecer es un exhibicionista, fuma y se coge a diferentes chicas en su apartamento y está claro que tampoco puedo decirle que yo he pasado la noche tocándome, pensando en las ganas increíbles que tenía de que el vecino estuviera follándome a mí y no a esas otras mujeres. Siento mis mejillas rojas y no digo nada, si hablo, podía decir una estupidez. Es que no tengo la menor idea de que decir y vuelvo a sentirme como cuando estaba pequeña y mi padre me regañaba. — No sé lo que está pasando, Zoa, pero sea lo que sea, sabes que puedes contármelo — ¡Sí, supieras, papá! — Tu madre me llamó esta mañana y me dijo que ayer fue a visitarte y que a pesar de haberte escuchado, no quisiste abrirle la puerta ¿Estabas con alguien? Siento mis mejillas todavía más calientes. Por lo general, mi madre y mi padre no se hablan, no desde que tengo quince años, que yo recuerde, y resulta que ahora mi madre se preocupa y le cuenta todo a mi padre. — Tal vez fue cuando estaba en la ducha, a veces canto mientras me baño — Yvan Bellerose me observa detenidamente, me siento como si estuviera siendo parte de un estudio sobre un virus sospechoso y contagioso. — ¿Estás enferma? — Parpadeo en varias ocasiones e intento sonreír, noto la preocupación en su voz y me acerco y lo beso en la mejilla, mientras me abrazo a su cuerpo, me encanta el olor de mi padre. — No, papá, para nada y me he ido un poco más temprano para poder descansar ahora que tenía un poco menos de trabajo — Mi padre asiente y me devuelve el abrazo, mientras me besa en la cabeza. — Sabes que puedes contarme lo que sea ¿Verdad? — Asiento y sonrío — ¿No estarás embarazada? — Lo miro impresionada, con los ojos por completo abiertos. — ¡Papá! — Exclamo. Él y yo siempre hemos tenido un vínculo muy estrecho que nunca pude desarrollar con mi madre, aunque teniendo en cuenta que ella se fue de casa con otro hombre y que crecí con mi padre, visitándola algunos fines de semana, no es de extrañar que lo prefiera a él sobre todas las cosas. — Vale, Lo he entendido. Entonces, tienes una semana para presentar una propuesta, te he dejado toda la información con Lila, revísala bien y si tienes alguna duda, pregúntame — Sonrío a mi padre como un angelito, mientras pienso que una semana es muy poco tiempo para conseguir hacer una buena presentación y que tendré que trabajar horas extras y no veré a mi vecino o lo veré muy poco. — Me voy, entonces. Al parecer tengo mucho trabajo — Hago un gesto militar y comienzo a salir del despacho de mi padre. — ¡Zoa! — Me vuelvo hacia él — Olvidé decirte, que la decisión no la toma solo el señor Devereux y al parecer esperan una presentación perfecta — Vuelvo a hacer un gesto dando a entender que todo está bien, pero por dentro, la cabeza comienza a dolerme. Es más fácil convencer a una sola persona que a varias, no falta el inconforme que ve peros en todas partes y que quiere llevar la contraria al otro y uno termina en medio de una pelea campal por demostrar el poder de unos sobre los otros, en resumen, por ver quien tiene los huevos más grandes. Creo que igualmente voy a hacer que Lila devuelva todas sus margaritas. Los siguientes días son un infierno, el equipo con el que trabajo no logra llegar a un acuerdo, ninguno me presenta nada medianamente bueno y es que no es fácil hacer publicidad a una cadena de almacenes de electrodomésticos y productos electrónicos y decorativos para el hogar de manera original e innovadora. Estos días he visto poco a mi vecino, bueno, lo he visto todos los días, pero cuando logro instalarme en la terraza, que se ha convertido en mi lugar preferido de mi casa, solo puedo verlo durante algunos minutos antes de que entre a su casa y eso me está frustrando. Cuando llego a casa, de inmediato me instalo en la terraza con un libro y una taza de chocolate o una copa de vino y espero a que mi sensual vecino de cabello n***o, ojos como el acero y cuerpo musculoso, continúe en su balcón por unas horas más, aunque no siempre tengo suerte. Por lo que aunque no ha sucedido últimamente, he logrado verlo unas dos veces con mujeres diferentes, la última vez, cuando llegué, estaba follándose a su última conquista en el balcón, y ahora sí que estoy convencida de que este hombre tiene un problema con el exhibicionismo y yo comienzo a tenerlo con el voyerismo. Mañana tengo la presentación de la propuesta y no estoy cien por ciento segura de que vaya a gustarle a nuestros clientes. Lorenzo habló con mi padre y se ofreció a ayudarme, ayuda que obviamente rechacé, pero luego me sentí como una idiota, porque él es uno de los mejores publicistas que conozco y estoy empezando a dudar de que los clientes acepten ¡Ni yo lo haría! Hoy, estoy cansada en extremo, pero no puedo dejar de pasar al menos unos minutos en la terraza, cuando llego la luz del balcón del vecino está apagada ¡Maldición! He vuelto muy tarde a casa, son más de las once de la noche, así que lo más seguro es que ya se encuentre durmiendo o tirándose a alguna en el interior de su apartamento. Decido darme una ducha e irme a dormir, estoy demasiado agotada, me levanto de la tumbona y antes de partir doy un último vistazo al balcón y como si fuese el destino o mejor una casualidad; observo en ese mismo instante que la lámpara del balcón del vecino se ilumina y él sale enredado en los brazos de una chica a la que gira contra la baranda, frente a mí, puedo ver la cara de deseo de la mujer y como sus senos se mueven a la velocidad de su respiración ¡Dios mío! Mi vecino se folla a la chica mirando hacia mi terraza; tira de su cabello con fuerza mientras la penetra y por un segundo, vuelvo a sentirme descubierta y avergonzada. Pero a pesar de eso, siento como mi cuerpo responde y el deseo se cuela a flor de piel, lo peor de todo, es que me muero por ser la chica y pienso en el día en que lo vi en la calle y me arrepiento de no haberle hablado. ¡Qué estúpida soy! ¿Cómo puedo sentirme atraída por un hombre así? Entro de prisa, antes de que el vecino y la chica terminen su faena y corro a mi habitación. Estoy tan caliente y alterada que tomo mi almohada y escondo mi cara en ella, grito como una loca, porque aparte de morirme de las ganas, también me muero de los celos, porque no quiero que alguien diferente a mí lo toque.
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