Sus ojos claros se oscurecen y me lo imagino en medio de un orgasmo. Debe ser igual, ¿no?
— ¿Te sucede lo mismo cuando te corres? — Pregunto acercándome a él. Me siento algo caliente y, a pesar de que sé que debo ir a buscar a Aramis, no puedo dejar de preguntarme sobre la expresión de Travis en medio de un orgasmo. ¿Gritará? ¿Tendrá la voz ronca?
— ¡Descúbrelo! — Se inclina y me susurra al oído, tomando mi cintura con su mano firme y pegándome contra él.
— No vas a acabar con las chicas de mi oficina — Susurro también, levantando la vista para poder mirarlo a los ojos. Él se inclina y su boca se posiciona al mismo nivel de la mía, me levanta contra su cuerpo y mi pelvis choca contra su erección. ¡Oh Dios mío!
— Solo quiero acabar contigo, dentro de ti — Me susurra y mis neuronas se funden por completo.
Respiro con fuerza, desciendo mi mirada que se pierde en sus provocativos labios y recuerdo nuestro encuentro en el ascensor.
— En tus sueños —respondo sin estar segura de lo que estoy diciendo. No hablaba tanto con la chica de contabilidad, ¿verdad?
— En mis sueños, no estás con él y solo yo puedo poseerte, penetrarte y perderme en tu interior, solo por mí gritas, gimes y te corres cada vez que te toco, en mis sueños, termino en tu interior en cada ascensor y habitación donde nos encontramos solos — Su boca se desliza por mi oído, me habla en un susurro con la voz ronca y mi cuerpo se estremece por completo — En mis sueños, eres solo mía — Su mano se desliza por mi cuerpo y atrapa mi nuca, enredando sus dedos en mi cabello.
— Yo… — La imagen de Aramis mirándome a los ojos mientras gritaba y me llenaba por completo en medio de mi orgasmo, invade mi mente. ¡Oh por Dios! ¿Qué diablos estoy haciendo? Con la poca fuerza que me queda, empujo a Travis y me alejo algunos centímetros de él, ¡necesito pensar! — ¡No te acerques a las mujeres de mi oficina! — Exclamo, antes de volverme hacia la puerta que se abre en ese momento, llenando la habitación con la música de la fiesta.
Miro a Travis que continúa apoyado contra la pared y parpadeo al volver a mirar hacia la puerta y encontrarme con una mujer increíblemente hermosa, que lo mira con seriedad. ¿Acaso es su novia?
— Travis, guapo, ¿qué haces en mi oficina? — La chica lleva el cabello recogido y un traje sencillo de pantalón y camisa claro, no tiene tacones y por supuesto lleva zapatillas. Lo que me parece increíble es que no es sumamente estilizada; es fresca, hermosa.
— Lo siento Nathalie, tenía algo que hablar en privado con la señorita Bellerose — Travis se acerca a ella y la besa en las dos mejillas.
— Ah, señorita Bellerose. Les agradezco por haber pensado en mi restaurante para celebrar la fiesta anual de vuestra empresa, y personalmente le agradezco por trabajar en la campaña publicitaria. Nos ha salvado usted, ¿verdad, Travis? — Mi mirada se vuelve hacia él que se encuentra a su lado.
— Lo siento, no entiendo que tiene que ver la campaña con el restaurante — Digo lentamente, creo que el alcohol comienza a hacerme efecto, mucho efecto.
— No me he explicado muy bien, si usted no estuviera trabajando en la campaña como lo está haciendo, con tanta dedicación y poca ayuda, no hubiésemos podido seguir con los preparativos de la boda — Ella mira a Travis y la sonrisa más hermosa del mundo se despliega en el rostro del hombre que siempre ha comportado como todo un imbécil conmigo — ¿De qué te ríes Travis?
Lo golpea en el costado y él solo toma su mano con delicadeza e intenta deshacerse de ella, que continúa sonriendo.
— Lo siento. ¿Puedo tutearte? — Vuelve a mirarme y su expresión cambia mientras yo observo completamente alucinada la intimidad del intercambio entre los dos. — No sabes lo cansada que estoy, los preparativos de un matrimonio son horribles, agotadores. Debí hacerle caso a Travis y solo ir a la alcaldía y casarme y luego informar al resto del mundo. — Siento un nudo en el vientre y pienso en el cuchillo que le dije a Lila que podría enterrarle en su vientre. ¿Se sentirá igual?
Sonrío y desconecto. De alguna manera me disculpo, salgo de la oficina y corro a los aseos, donde rápidamente devuelvo todo lo que he tomado esta noche.
No puedo creer que el imbécil de Travis vaya a casarse mientras me besaba en un ascensor, luego manoseaba a la chica de contabilidad, para, sin dudarlo un segundo después, meterme mano y contarme todo lo que pensaba hacerme ¡En la oficina de su prometida! ¡Qué asco!
Salgo de los aseos, asqueada por el comportamiento de Travis, por mi comportamiento y por el sabor amargo en mi garganta. Me lavo la boca en repetidas ocasiones y me observo en el espejo de los aseos.
— ¡Ah, Zoa! He venido a buscarte y no te vi, Aramis me ha preguntado por ti. Pensé que estabas con el señor Devereux — Cierro los ojos al recordar a Aramis y mi corazón empieza a latir acelerado.
¿Qué diablos me pasa? No puedo reaccionar de esta forma ante dos hombres completamente diferentes. Es como si hubiese entrado en un mundo desconocido.
— No sabes lo que dices, Lila — Respondo lentamente, me siento algo aturdida.
— Eso es lo que piensas, querida amiga — Susurra y yo la tomo de la mano.
— No sabes lo que dices — Le repito.
Salgo con ella de los aseos y me dirijo al salón, Lila se detiene a hablar con uno de los becarios y yo sonrío mientras me dirijo a donde Aramis se encuentra hablando con Christal. Parece tenso y serio e imagino que no quiere saber nada más de Leticia.
Antes de llegar a su lado, observo a Travis hablando con su hermano Nil y con Nathalie, su mirada se desvía y se detiene en la mía, levanto la mano y le hago un dedo de honor ¡Imbécil!
Me acerco a Aramis y lo abrazo por la cintura, su mano desciende por mi espalda y él me abraza, acercándome muchísimo más a su cuerpo para luego inclinarse y hablarme al oído.
— ¿Dónde estabas, nena? — Deja un cálido beso en mi cuello que me estremece por completo.
— Creo que he bebido demasiado y tuve una reconfortante cita con los aseos — Aramis sonríe y toma mi mano con fuerza.
— Christal, nosotros nos vamos, fue un gusto verte — Le da los dos besos reglamentarios y yo me despido de ella, le envío un mensaje a mi padre y antes de que me diga que tengo que quedarme a escuchar los discursos aburridores de cada año, salgo del restaurante y me vuelvo y beso con todas mis fuerzas a Aramis.
Su beso me calma por completo, sé que dudé por un momento y que Travis me hizo dudar de mis sentimientos y me hizo pensar enegro me estaba enloqueciendo. Pero al besar a Aramis, siento que he vuelto a casa y que solo en sus brazos quiero quedarme para siempre.
— Creo que me estoy enamorando de ti — me susurra mirándome con la intensidad de sus ojos oscuros y yo vuelvo a pegarme contra él y a besarlo con toda mi alma.
— Yo también —le respondo sonriendo y al alejarme un poco para mirarlo a los ojos, puedo ver de perfil a Travis observándonos desde la puerta del restaurante.