Desde ayer me he sentido muy extraña; me sentí muy rara la única vez que estuve con Franco, pero nunca he sentido un rechazo por él como el que sentí anoche. Estaba en mi habitación leyendo cuando comenzó a vibrar mi celular. Observé la pantalla y decía Ana. Anoche, Ana me pasó su número y yo le pasé el mío, me cayó muy bien. — Hola. — Hola Lu, ¿te acuerdas de mí? — Sí, Ana. — Sí, perdón que te moleste, pero soy nueva en la ciudad y me gustaría conocerte. ¿Puedes salir hoy en la tarde? La verdad, Ana me cayó genial y no tengo planes para la tarde. No suena mal el plan, quizás me sirva para despejarme y no pensar en lo de anoche. — Claro, nos vemos en el parque, ¿te parece? — Claro, allí estaré a las 2 p.m. Almorcé con mi madre un sándwich, luego me coloqué una sudadera gris y un s

