Capitulo 9

2034 Words
La notificación. Estoy trabajando como china en un documento que me pidió el jefe, algo que me estaba empezando a pasar muy seguido, pero me gustaba, pues cada vez que estaba con alguno de los Scott en la sala de audiencias o trabajando en la oficina y veía la pasión de como preparaban todo para sustentar su teoría del caso y sus alegaciones me volvía loca de la emoción. Aquí, en esta oficina nos abocamos con el jefe a los casos más complicados, como decía el, porque en la mayoría de ellos se encuentran personas que, llevadas por sus emociones, hacen el desmadre. Bueno, como lo hizo él, cuando supo de la llegada de la señora Dana y el mini Tomás. Es que fue tan romántico, la llevó al altar sin ella saberlo, bueno y digamos que casi lo mató, pero triunfó el amor y ahora están muy felices juntos. —Daniela, te buscan.—me dice la recepcionista, una Barbie que se cree la dueña de la oficina y ahora que el jefe está casado se le bajaron los humos de golpe y porrazo. —¿A mí? ¿Estás segura Luisa? —Sí, específicamente preguntaron por ti — dejo el computador en suspensión y tomo mi agenda, me cargan los dispositivos, prefiero el papel aunque mi jefe lo odie—. Muévete, no soy tu empleada para venir a buscarte. —Lógico, Luisa, pero podrías aprender a utilizar el intercomunicador y ahorrarte el chisme. —Idiota. —Diva de cuarta. Cuando vamos saliendo de mi cubículo rumbo al ascensor, vemos llegar al lindo de Thor enfundado en jeans y camiseta, tan divino que se ve, me encantaría conocer a su madre para felicitarla por la buena mano. «Dani, espabila, es un hombre enamorado » Pero no comprometido mi querido Pepe grillo, aún hay esperanzas. —Jex, por favor detenga el ascensor. —Hola Daniela, sí, por supuesto, adelante señoritas.—Y ahí se me cayó la ilusión. Ustedes saben, la sonrisa profesional, el guiño del ojo y la postura sexi van en dirección de la Barbie limón agrio, como será que hasta la musiquita del ascensor se hace notar para estos dos. ¡Gracias Pepe grillo! —Pues si dejas de estar en el medio del ascensor, demás podemos entrar— le digo moviéndome entre él y la cajita metálica y metiéndome dentro —. ¿Y tú te quedarás ahí como boba? —Oh, que pena. Un gusto saludarte querido Jex. —Lo mismo digo, señoritas. —Lo mismo digo y una mierda, picaflor—mascullo entre dientes. —Es tan guapo… —Y prohibido, está enamorado. —Pero no ciego— «ves», ya cállate, Pepe grillo. Llegamos a la entrada del edificio y un joven que tenía la cara más amargada que mi acompañante se pone de pie. —Ella es Daniela López. —Señorita López, soy Joseph Miles, del departamento de inmigración y esta notificación es para usted. Me entrega el sobre de manila y se da la vuelta sin decir absolutamente nada más, lo que agradezco, pues pasar por el bochorno con la cotilla de Luisa es demasiado. Me doy la media vuelta con el alma en un hilo, mierda me habían encontrado. —Dani ¿Qué pasa?— ¿En qué momento llegó? —Je… Jefa.— ahora sí que era una maraña de nervios con mi jefa viendo fijamente el sobre. —Pásame el sobre y acompáñame— me dice seria y después de tomarlo de mis manos se encamina hacia los ascensores — . Dani reacciona ¿No vas a venir? —Sí, sí, perdón jefa. Nos subimos las dos, tras la atenta mirada de Luisa y yo ya no sé dónde más esconderme. La jefa abre el sobre y su mirada me confirma mis peores miedos. —¿Cuándo me lo ibas a contar? —Jefa, yo… —Dani, esto es muy serio. Me imagino que ya habían intentado encontrarte, ambas sabemos tu estatus y me has pedido que no intervenga, pero ahora son palabras mayores. Inmigración abrió un expediente para deportarte y ya sabes lo que significa para ti y para Sarita. —Lo sé, jefa. Las puertas del ascensor se abrieron y nos encontramos frente a frente con mi jefe y con Jex, que estaban “conversando”, bueno no, la verdad estaban a grito pelado discutiendo. —Basta ya, ustedes dos. Parecen dos niños discutiendo por una paleta. Por favor les voy a pedir que sus dramas los solucionen y se dejen de hacer boberías. —Si, jefa. Lo siento. —Pero mamá… —Pero nada Thomas, a propósito. Necesito a Dani un momento, ya te la devuelvo. —Es que está haciendo unos documentos. —Esto es más importante, no tomará más de una hora y aprovecha que está Jex aquí para que te ayude, él es bueno con eso. Vamos, Dani. —Sí… Me había empezado a marear, el aire me estaba faltando y creo que los monosílabos eran mi forma de responder, tenía mis nervios de punta y ya sabía que si seguía así en pocos minutos me bloquearía. Dejamos a esos dos con la vista pegada en nosotras, para luego escucharlos refunfuñar y a mi jefe hablarle a Jex, para que lo siguiera, no quise mirar hacia atrás, si lo hacía saldría corriendo y no era lo justo. Ya estaba frita. —Ahora, respira chiquilla, necesito que estés totalmente atenta a lo que vamos a conversar. —Jefa ¿Qué voy a hacer? Mi niña… —Déjame a mí, por favor. Creo que ya no hay vuelta atrás, utilizaremos todos los recursos legales y desde ahora yo te representaré. Estsremos al borde de la ley, pero es eso o nada, te prometo no hacer nada ilegal. Ya suficiente has hecho tú ¿o no? Sus palabras, aunque fueran un reclamo, eran ciertas ya había pasado por varios estados y cada vez que aparecían los de inmigración yo escapaba, pero aquí tenía un trabajo y una vida, no podía dejar que Sarita la volviera a pasar mal. —Fue de ahí que te llamaron el día de la boda de mi hijo ¿no? —Si… —¿Y por qué lo ocultaste? —Es que yo… no pensé que fuera para tanto, Aquiles me dijo que había una denuncia en contra de la oficina por contratar ilegales, que tuviera cuidado, pero no pensé que fuera para tanto.— Y eso era cierto, por el trabajo de mi jefe conocí a uno de los funcionarios de inmigración y él me estaba ayudando con mis papeles, por eso no creí que fuera cierto que investigarían al despacho. —¿Una denuncia?— me pregunta, abriendo los ojos como platos y a mí se me está por caer el mundo por confiada. —Sí, jefa, pero me dijo que perdiera cuidado, que su despacho era lo bastante conocido como para que siguieran adelante y yo le creí. Aún me faltan algunos antecedentes para conseguir la visa y él amablemente me ha estado ayudando. —Necesito todos sus datos Daniela, esto me parece sumamente extraño y creo que quién hizo la denuncia está al tanto de tu situación, pues no eres la única con sus papeles en trámite. Esto puede afectar a varios, mi niña y debemos movernos desde ya. Hay algo que no me cuadra, primero lo de la llamada y ahora que vengan los de inmigración. Algo debemos estar dejando pasar. Por ahora, mantente atenta y que Luis no se separe de ti, al primer movimiento de ellos necesito que me avises ¿entendido? —Sí, jefa. —Ahora vuelve con esos dos antes que se maten, no entiendo porqué Jex anda tan suspicaz con Thomas y eso también necesito que averigües. —Pero yo casi no lo conozco. —Si te las has ingeniado para trabajar con mi hijo podrás hacerlo, ahora ve y mantén tus ojos y oídos atentos. Salí de la oficina de mi jefa arrastrando los pies, me sentía derrotada y eso que esto recién empezaba, marqué el número de Aquiles, pero este no me respondió, así que le dejé un mensaje de texto para que me llamara una vez que lo leyera. Para cuando estaba frente a la oficina de mi jefe los gritos habían cesado, lo que era bueno ¿no? Golpeé la puerta y el adelante de mi jefe me obligó a cambiar mi postura. —Ya volví— dije al entrar y verlos a ambos de pie, con las camisas y el cabello desordenados— . ¿No me digan que se estaban peleando por mí? La mirada de los dos se plantó directamente en mí y sé que me puse colorada, solo quería que dejaran de discutir y no se me ocurrió mejor idea que esa broma. —Ya, no me miren así, era solo una bromita. —Dios, niña. Un día de estos de verdad que te voy a despedir. —Puede que sea distinto jefecito —suelto de la nada y me cubro la boca «bruta, tonta, aprende a cerrar esa bocota» —¿De qué hablas?— me preguntan los dos al mismo tiempo. —De nada, son locuras mías. Estar tanto con ustedes es contagioso, ya se lo he dicho jefe. —Mejor ponte a trabajar, antes que te. —Despida, ya lo sé. Y ustedes dos dejen de discutir, se pondrán más viejos y feos. —¡López! Salí de la oficina riéndome, no me quedaba de otra, esa era la mejor manera de ocultar mis nervios. Volví a mi puesto y me puse a trabajar en los documentos que requería mi jefe, a los pocos minutos salió Jex y se paró frente a mi cubículo. —Si ese tipo te está maltratando. —Oh, no Jex, para nada. Así nos llevamos los dos, es una forma de distender los ánimos y lo agradezco, el señor Scott es una buena persona, lo que no entiendo es por qué se llevan tan mal ustedes dos. —Ese no es tu problema. Mejor mantente lo más lejos posible de él y dedícate a tú trabajo será lo mejor.— me dice molesto y yéndose como si todo en el mundo le molestara... Los días han pasado lento y Aquiles aun no responde mis llamadas, pero como dicen que las desgracias no vienen de a una, me encuentro llorando como María Magdalena en mi escritorio. —Dani, tranquila. Don Enrico ya está en un mejor lugar— me dice el señor Jack, jefe de seguridad de Scott y asociados. Si el supiera el porqué de mi llanto no me estaría diciendo eso, pero es que la pena me invadió. Hace unos minutos iba hacia la sala de descanso y tuve la mala suerte de escuchar a Jex hablando con su novia. —Si, amorcito. No podré ir hoy a la casa, hubo algunas complicaciones. No, no nada conmigo, es solo que falleció un cliente del jefe y era muy allegado a la familia… Para nada, es que las cosas están complicadas, pero te aceptaré esa lasaña para la próxima, lo prometo y de verdad lo siento, no he podido hablar con la jefa sobre ese tema, esa espalda mojada no se merece a su hija, debería haber hecho las cosas bien desde el principio, pero veo que se aprovecha de todos, con su cara de mosquita muerta, tiene a la jefa y a todo el mundo embobado y comiendo de sus manos, pero ya conozco a las de su clase. Todas son iguales y espero que la jefa abra los ojos pronto… Salí disparada antes que me viera y ahora estaba sentada llorando, ¿cómo podía ser tan cruel si no me conocía y no sabía lo que había vivido? Es un insensible y hasta me estaba cayendo bien, pero con eso que dijo… ¡Alto ahí! ¿Cómo sabe de Sarita? Nunca se lo he dicho y tampoco me lo ha preguntado. Deberé estar más atenta ¿Será que él hizo la denuncia? ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2408069042616
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD