Capítulo 6

1743 Words
Capítulo 6 Esa muñequita me descoloca. Estoy recostado en mi habitación descansando de un arduo día de no hacer nada. Esta vuelta a los Estados Unidos había sido buena, me reencontré con buenos amigos como Jack y Luis, pero como Alma pasaba encerrada en la casa de los jefes era poco lo que me había tocado trabajar. Así que me decidí a investigar al loco de su hermano y a la asistente que lo sigue como si fuera su sombra. Me levanté y fui a mi pequeño escritorio, abrí mi laptop y entré al sistema de Scott y asociados. Lo primero que haría era buscar los archivos de la muñequita de porcelana, debía saber con quién estaría tratando si ella iba a ser una rival para mi amiga. Ingresé el nombre de la chica y al dar el okey me salió un mensaje desde el servidor. “Acceso denegado” Volví a teclear nuevamente, capaz y me haya equivocado al escribir sus datos, así que probé escribiéndolo en mayúsculas, pero apareció el mismo mensaje. —¿Qué mierda pasa aquí? ¿Qué es lo que escondes muñequita de porcelana? ¿O mejor dicho que esconde ese desgraciado que no puedo acceder a ti? Me volví a lanzar a la cama con más dudas que respuestas y con un sentimiento de ansiedad, necesito saber qué la hace tan especial para todos y sobre todo para él. En la mañana me levanté con una misión entre ceja y ceja y después de ducharme fui a tomar desayuno. En el comedor ya estaban los jefes, Alma, Enzo y el incordio. Los chicos ya se habían ido a clases y mis gemelitas disfrutaban de su desayuno. —Buen día para todos. —Hola Jex ¿Cómo te está tratando la vida de descanso?— me pregunta la jefa y es ahí que encuentro la fórmula para iniciar mi misión. —De eso mismo quería hablar con ustedes, jefe ¿Será posible que me reincorpore a Scott y asociados para tener algo qué hacer? Ustedes me conocen y no soy de estar encerrado. —Pero me aburriré sola en esta tremenda casa, Jex. —Jex tiene razón, hija. No podemos mantenerlo encerrado contigo todo el día, me parece bien que vayas a la oficina y apoyes a Thomas y Daniela. — dice el jefe, dándome la razón y quiero reír, pero me las aguanto porque la cara de Alma es de fastidio. —Mi suegro tiene razón, mía fatina. Además tienes a las chicas y a Gloria, no estarás sola, de hecho hoy me quedaré en casa ¿Te parece que tengamos una tarde con las principessas en la piscina? —No me convenzan, ya lo hicieron, pero tú te cuidas y no hagas nada que no harías conmigo. —¡Alma! —Déjela jefa, después ella me lo va a agradecer. Terminamos de desayunar y como nunca el incordio no dijo absolutamente nada de que fuera yo con él a la oficina, aunque su cara decía todo lo contrario. Me despedí de todos y mis gemelitas estaban tristes, pero les prometí que les traería algo rico de nuestra dulcería favorita para apaciguarlas, ya las conocía bien y sabía como convencerlas. Tomé mi arma y me dirigí a la salida, en el auto estaban Luis, Robert y la muñequita de porcelana, los saludé a todos y debí sentarme junto a ella, que literalmente me ignoró en todo el camino. Era tan extraño, pero la chica buscaba alejarse de mí lo más que podía, era como la lepra para ella y eso me ponía mal pues se apegaba más al incordio ¿Será que les agüé la fiesta? Thomas se hacía el desentendido, mientras ella seguía con su trabajo y yo los estudiaba, parecían un jefe con su asistente, si no fuera por esa familiaridad que veía ya lo habría dejado pasar, pero cada vez que los veía juntos notaba esos gestos y algo saltaba en mi interior. Ellos ocultaban algo y esa muñequita de porcelana me descolocaba. Llegamos a las oficinas de Scott y asociados y me separé de ellos para hablar con mi amigo Jack y ponerme al tanto de las actividades de la agencia que estaba a cargo de él y Samuel. —Hola amigazo, ¿cómo te trata la vida de pareja y nuevo padre? —No me lo recuerdes, por favor, por suerte estoy acostumbrado a las noches en vela porque Cony salió pájaro nocturno. —¿Y Mary cuándo vuelve? No la veo todo el día en casa cuidando a la beba. Yo que tú pienso en un chaleco antibalas talla xxxxs. —Ja, Ja. Estamos esperando a que deje de amamantar para que la nena pueda ir a la guardería, por lo pronto todo ha estado muy tranquilo por estos lados, salvo las cooperaciones con las águilas este ciudad ha sido paz y tranquilidad en el último tiempo. A propósito, la jefa me dijo que estabas aburrido en tu trabajo de niñero de la estrella de la familia ¿qué tienes contra mi princesita? —Contra Alma nada, pero tienes razón. Algo así me pasa, me encanta estar con Alma y las gemelas, pero no soy niñero y tú lo sabes. —Te entiendo, hermano. Me pasó lo mismo cuando ya metimos a todos esos locos presos. Por eso trabajarás con Robert y Luis apoyando a Thomas, eso es bueno y me asegura no buscar nuevos candidatos cuando alguno tenga que hacer alguna misión importante. —Perfecto… Oye, Jack. —Mmm. —Si quiero saber de alguien de la empresa y su acceso está denegado ¿Cómo lo hago? —Si el acceso está denegado tendrás que pedirme autorización a mí o a los jefes, sólo la familia Scott y yo tenemos las claves de acceso ¿Por qué lo preguntas? —Por nada en específico, es solo para mantenerme al tanto con los cambios que han hecho en la oficina. —Me gusta tu forma de pensar, eso nos va a ayudar y muchísimo. A ver y sí te portas bien, te doy una clave de acceso. —Tan grande que estás, ahora eres todo un jefesote. —Ja, Ja. No creo que a ti te guste estar en esas, también me aburro y hecho de menos estar activo, la oficina no es lo mío, pero bueno, ven para que te muestre lo nuevo que tenemos. Me hizo un recorrido por las nuevas instalaciones y de verdad que había cambiado mucho en este tiempo, el trabajo de campo era menos desde que no habíamos tenido una amenaza como la de los Romanov y eso se agradecía, pero también era cierto que ser niñeros no era lo nuestro. Ahora sabía que sólo la familia era la que tenía acceso a los archivos personales de los trabajadores de Scott y asociados. Tendría que convencer a Alma de que me diera su clave para poder vigilar a esos dos, pero ¿Qué le diría? Ella no me va a creer que esos dos tienen algo ¿o si? La mañana se pasó entre conocer a los nuevos y mis nuevas instrucciones. Al mediodía me dirigí al Duomo, para ver si ahí conseguía información y tuve suerte, o eso creía, pues me encontré con la muñequita de porcelana y entre lo poco que pude sacarle me dio parte de la rutina del incordio, peor era nada, ya podría seguir investigando ahora que tenía un poco más de libertad. Salí de ahí con aires renovados, hasta que una llamada de Enzo me sacó de mis labores. Alma había tenido una subida de presión y estaba hospitalizada. Corrí como un loco por las calles de la ciudad, ¡Mierda, justo hoy que la dejo sola y pasa esto! Llegué al hospital y me encontré con toda la familia, mientras esperábamos noticias de Alma, me quedé sentado escuchando, hasta que la doctora Sinclair salió a darnos el parte médico, por suerte ambos estaban bien y con Enzo pudimos respirar. Cuando me tocó mi turno, Enzo estaba sentado tomando la mano de mi amiga, parecía que los colores la habían vuelto a la cara y eso me tranquilizó, pero no esperaba la misión que me pediría esa loca de patio… —Necesito que contactes a Dana y le digas que quiero verla. —¿Estás loca? —Si y por eso estoy aquí, yo sé que si tú se lo pides ella vendrá. —Mierda Alma ¿No me digas que lo fingiste? —No es eso, Jex—me habla Enzo con ese tono de paz mundial que a veces me enfurece— es solo que ya es el momento y tú eres el único que la puede convencer. —¿Saben que estamos jugando con fuego no? —Y nos quemaremos en el infierno, pero peor es nada mi guardaespaldas favorito, yo veo bien a Thomas y creo que mi sobrino y Dana merecen saber la verdad. —No sé si esto es lo mejor, pero la llamaré. Ah, Alma, necesito tu clave de seguridad para hacerlo lo más discreto posible. —Oh, claro, es Mio miele todo junto en negritas y cursiva—me dice y la cara de Enzo está de un rojo intenso que me provoca reír—. Aunque ¿Crees que será necesario? —Han cambiado muchas cosas en la oficina y para hacerlo todo se requiere de la autorización de uno de ustedes o de Jack, pero como quieres todo rápido y que nadie sepa, no voy a andar pidiéndole a otro si te tengo a ti. —digno de un Oscar, Jex, la frase para el oro. —Okey, me parece. Ahora ve y hazme ese encargo, aprovecha de decirle al baboso que entre después de que salgas, me imagino que es el último ¿no? Además, ya tengo sueño y hambre. —Ya voy mamá gallina. Salí de la habitación de Alma y le hice un amague de que entrara al incordio ese. Mientras salía del hospital llamé a Dana y le conté lo que me había pedido Alma y me hice el que no sabía que ella los había visto, mentí como le había mentido a Alma para conseguí la clave de seguridad, pero era la mejor forma de cubrir todos los flancos, nadie sospecharía… ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2408069042616
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD