Yuliana —Creo que ya no quiero ser el hombre más envidiado de la noche —gruñe Adrián y me rio de su ceño fruncido—. No es gracioso, estoy a cinco segundos de partirles la cara a dos idiotas que no dejan de desnudarte con su mirada. Y si otro imbécil te ofrece un “paseo por los alrededores” o si quiera te ofrece una “bebida porque te ves sedienta” voy a explotar. —Compórtate. —¿Qué crees que estoy haciendo?, si no estuviera comportándome ya hubiera rasgado mi ropa como Hulk y estaría reventando las narices de estos idiotas. —Tú tío viene hacia acá. —Genial, y viene con uno de los idiotas que te ofreció un paseo. —Le envío una mirada de advertencia y resopla. Niego y sonrío cuando Humberto, uno de los idiotas y una bella mujer de cabello n***o y cuerpo despampanante cubierto por un

