Yuliana —Nos vemos mañana. —Me despido de Adriana después de habernos encontrado en la entrada al edificio. Ambas llegamos del trabajo, y aunque hoy me tocó muy duro, es Adriana quien se ve muy agota. A diferencia de mí, ella tiene un jefe que es el mismísimo demonio. Es una patada en el hígado, un pitbull con rabia. La mierdita que no tapó el gato. Me da una pequeña sonrisa y se aproxima a su puerta. Hago lo mismo y entro a mi apartamento. El olor a pasta y salsa llena mi nariz, luego, mis oídos son asaltados por el ruido de una olla cayendo y estrellándose en el piso, el lloriqueo de un perro y las maldiciones de Adrián. ¿Por qué acabo de escuchar a un perro? Adrián vuelve a maldecir y escucho de nuevo ese pequeño ladrido, seguido de uno más fuerte. —Y justo ahora te dignas a

