Mael sonrió ampliamente cuando abrió la puerta y vio al rizado allí. Le hizo una seña indicando que entrara mientras él se corría hacía un lado. En cuanto el de rizos lo hizo, tomó al castaño por la cintura y lo beso agresivamente, estaba desesperado por volver a hacerlo, pero éste lo apartó rápidamente.
—Espera a que cierre la puerta, idiota. Aquí no nos va a interrumpir ningún rector. —Murmuró molesto Mael, mientras cerraba dicha puerta. El de rizos soltó un suspiro aliviado, había pensado que le rechazaría, como lo había hecho desde que eran niños, bueno, puede que eso se haya debido a que Asier fue un idiota con él, burlándose siempre, incluso antes de enterarse que Mael queria ser una princesa.
— ¿Y tus padres? —preguntó curioso el de rulos, a la vez que se iba acercando al otro chico. Lo tomó nuevamente de la cintura, pegando sus cuerpos.
—Mi mamá trabaja y papá no tengo. — dijo Mael encogiéndose de hombros. Asier, incómodo por la respuesta del castaño, volvió a besarlo bruscamente. Bajó sus manos desde la cintura hasta el trasero de Mael, apretujándolo un poco, y en un golpe seco lo apoyó contra la puerta de entrada de su casa. El castaño soltó un gruñido por el dolor que le provocó el golpe en la espalda, pero igualmente correspondió al beso de la misma manera.
Mael rodeó el cuello del rizado con sus manos, haciendo que sus pechos choquen, mientras que con su lengua acariciaba el labio inferior del otro, pidiendo acceso a su boca. Cuando se lo cedió, el castaño adentró su lengua a ésta, profundizando el beso.
A los minutos el castaño cortó el beso, alejándose un poco. —Vamos a mi habitación.
El rizado contestó asintiendo con la cabeza efusivamente y el de ojos azules le agarró la mano para llevarlo escaleras arriba hacía su habitación.
Cuando llegaron Asier se quedó mirando la habitación del otro chico por varios minutos hasta que se vio interrumpido por esté, aunque lo conocía desde hace años nunca había estado allí. Mael se había lanzado sobre él, rodeando el cuello del rizado con sus brazos, esté unió sus labios con los del castaño en un beso hambriento y desesperado, a la vez que caminaba hacía la cama llevándoselo con él, lo dejó sobre ésta suavemente y se posicionó encima, tomándolo por la cintura.
El rizado profundizó el beso, metiendo su lengua dentro de la boca ajena cuando el castaño se lo permitió y abrió su boca. Mientras se besaban Asier recorría con sus manos el cuerpo de Mael, acariciando con estás el abdomen, la cintura y muslos del de ojos azules.
El castaño tiró su cabeza hacía atrás, cortando así el beso por falta de aire, el de rizos aprovechó esto para bajar sus labios al cuello del otro chico, dejando besos húmedos y mordidas. Inconscientemente, Asier movió un poco sus caderas ocasionando su erección chocara con la del castaño por encima de la ropa, el de ojos azules soltó un agudo pero a la vez ronco gemido y empujó sus caderas hacía arriba buscando más contacto.
—Legué, Lou…
Al escuchar una voz que reconocía a la perfección Mael empujó a Asier de encima suyo haciendo que éste cayera al suelo.
—Mamá. —En su tono se podía escuchar la sorpresa y confusión que le provocó ver a su mamá en su casa tan temprano. El castaño tenía los ojos bien abiertos y todavía respiraba costosamente. — ¿Qué haces aquí a esta hora?
—Me dolía un poco la cabeza y decidí tomarme el resto del día por eso. —Su madre todavía estaba atónita, ella sabía muy bien que su hijo era gay pero nunca lo había encontrado con otro chico y mucho menos en esa situación. —Iré abajo, les prepararé algo para comer a ti y a tu… —La mujer frunció el ceño, ladeando un poco la cabeza, esperaba que su hijo le dijera que era suyo el joven con rizos pero como no lo hizo prosiguió: — amigo.
Mael solo asintió, todavía con los ojos muy abiertos.
—Deberíamos haber ido a mi departamento. —El rizado se encogió de hombros, intentando levantarse del suelo.
Mael soltó una leve risa, recordando que él estaba allí, se movió en la habitación, cerró la puerta y fue hasta quedar al frente del otro chico.
—Me alegro que hayas venido, Asier. — Se sentó sobre el regazo de éste, sonriendo ampliamente y dejando sus piernas a los costados del cuerpo del otro, y luego de inclinarse hacía delante volvió a besar al rizado con hambre y brusquedad.