SECUNDUS

542 Words
“Recuerdo incluso lo que no quiero, olvidar no puedo lo que quiero” Cicerón    Máximo quiso serenar su mente pero mientras más lo intentaba más difícil le era conciliar el sueño, los recuerdos se arremolinaban en su cabeza como las abejas sobre la miel, revoloteaban haciendo un ruido ensordecedor en lo más recóndito de su corazón y no pudo evitar la oleada de imágenes que lo inundaron, gente corriendo en todas direcciones, el jadear de los hombres cansados, los cascos de los caballos y el estruendo de las armas unas contra otras, ese sonido que odiaba y que estaba siempre presente aunque deseara con todas sus fuerzas que desapareciera, y luego aquel cuerpo bajo el caballo encabritado luchando por ponerse en pie y siendo pisoteado y aplastado una y otra vez por esa bestia sin escrúpulos de la que solo recordaba la celada que le cubría el rostro y la sobrevesta negra con ribetes plateados, ese homicida que se había llevado la vida de su hermano, el Príncipe Oscuro. Algunas personas creen que entre gemelos existe cierta conexión, algo que les permite pensar o sentir como el otro, pues bien, eso era cierto, al menos para él lo había sido, compartía con Rómulo una relación tan íntima que a veces le parecía que conocía lo que iba a decir y así sucedía, o tenía premoniciones de lo que le pasaría y aunque no siempre se cumplían aquel fatídico día, de todos los demás ese día tenían que cumplirse, ese día que amaneció con un sabor a herrumbre en la boca y un extraño malestar en el estómago, como si fuera a perder algo, algo muy valioso, luego cuando se desató el pandemónium se dio cuenta de que tenía que ver con su hermano y lo buscó en medio del barullo pero cuándo lo encontró fue demasiado tarde, se vio obligado a presenciar la desgracia desde lejos, no podría haber llegado a su lado a tiempo aunque hubiese querido y eso jamás se lo perdonaría, se encogería en el suelo revolcándose de dolor, el suyo por perder a su hermano y el dolor físico de Rómulo que sin saber cómo podía sentirlo, cada golpe, cada herida, cada hueso roto, y su último pensamiento en el que le confiaba su legado, algo que no entendió, pero supuso que tendría que ver con la parte que a él le correspondía como herencia.   Sacudió su cabeza espantando el enjambre, la nube de pensamientos y sentimientos encontrados, debía concentrarse en su propósito, no podía permitirse estar al borde del peligro de nuevo como hacia un rato, ¿Que se diría de él si terminaba como un idiota arrollado por una máquina?, ni siquiera sería honorable, además ya era suficiente con la desaparición de Rómulo como para que él sumara otro dolor al pecho de su madre. Cerró los ojos una vez más y planificó todo lo que debía hacer, los lugares a donde debía ir y las personas que debía frecuentar para lograr su cometido cuanto antes, iría por el medallón y el Gran Libro, estaba seguro de eso, no dejaría que un mal día lo arruinara todo, además ya estaba de éste lado y no era que la idea le agradara pero era su deber.  
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