Capitulo 5. Transformación.

1124 Words
Capítulo 5. Flashback 2 años antes. Ameliz se apresura a salir para recibir a su mejor amiga Kenya, quien ha llegado antes de que puedan irse. —Ameliz, ¿qué pasa? Cariño, ¿por qué lloras? —Escúchame, no tengo mucho tiempo, están por regresar. ¿Ves a esos hombres de afuera? Me vigilan; si salgo, me meteré en problemas. Necesito que le entregues esta carta a Noah. —Ameliz, me estás asustando, amiga, tienes que decirme lo que está pasando. —Kenya, me voy a casar mañana por la mañana, no hay vuelta atrás, amiga, no sé si volveré a verte, pero te agradezco todo lo que has hecho por mí. —No, Ameliz, ¿qué dices? Eso va a destruir a Noah; ese hombre te ama, ve por tus ojos. —Lo sé, amiga, lo sé, pero no tengo otra salida, debo hacer esto aunque me muera, necesito hacerlo. —Ameliz llora mirando hacia el piso de arriba donde tienen encerrada a su abuela; no piensa irse sin ella y sabe que de aquí no podrá salir. —Ameliz, puedo ayudarte, solo tienes que decirme qué debo hacer, déjame ayudarte, amiga, eres como mi hermana, necesitas salir de aquí, llamaré a Noah. —No, no lo hagas, no lo hagas, Kenya, estoy bien, tienes que irte. —Kenya no se mueve. —Escucha, los hombres de afuera no me van a dejar salir de aquí, no quiero que nadie corra peligro por mi culpa, debes irte antes de que lleguen; si descubren que no eres la enfermera de mi abuela, tú tampoco saldrás de aquí. —¿En qué problema te has metido, Ameliz? ¿Qué está pasando? —No puedo explicarte ahora, debes irte, por favor. —Está bien, me iré, pero tienes que saber que si me necesitas, aquí voy a estar. —Ambas se abrazan con cariño. —Te quiero. —Yo a ti. Ambas salen a la entrada donde los hombres de seguridad miran a Kenya con seriedad; en cuanto pasa la puerta, Ameliz respira con tranquilidad; sin embargo, Kenya no duda en llamar a Noah. K: ¿Noah? ¿Podemos hablar? Es urgente. N: Sí, estoy en la oficina ahora, ¿qué necesitas? K: Es sobre Ameliz, creo que está en problemas, tenemos que ayudarla. N: ¿Dónde estás? Envíame la dirección, iré de inmediato. K: Estoy en la cafetería a pocas cuadras de la casa de Ameliz. N: Voy para allá. Mientras que Noah recoge sus cosas, Osvaldo fue informado de la situación; no pasa mucho cuando está de regreso en la casa y, en cuanto la ve, la abofetea fuerte. —¿Qué fue lo que hiciste? ¿Qué le dijiste a esa mujer? —Nada, ella solo vino a verme y le dije que no podía recibirla. —Eres una mentirosa, si me arruinas esto, haré tu vida un infierno, Ameliz, eres una maldición, al igual que la engreída de tu madre, no voy a permitir que arruines mi reputación, camina. —No, no, papá. —La toma del brazo y la lleva arrastrando al coche. —Mi abuela, papá, mi abuela no puede quedarse sola, papá, por favor, escúchame, escúchame, papá, haré lo que me pidas, lo que me digas, papá, pero dale de comer, dale comida, papá. Osvaldo llama a uno de sus hombres de seguridad y envía a que le den de comer a la anciana que agoniza con sed y hambre en la habitación. Cruel, más que un ser cruel, un hombre despiadado; en eso se ha convertido su padre a raíz de su matrimonio con Haimi; se convirtió en el ser despreciable que ahora es. La saca de la casa, no quiere que nadie la ayude; su gran nombre y prestigio dependen de este compromiso. Sabe que teniendo a Cayetana bajo su poder, Ameliz hará lo que se le ordena; así podrá conseguir su objetivo y, una vez que ella firme los documentos de compromiso, todo estará arreglado, o es lo que cree. Haimi deja a Thais con su hermana; no espera mucho antes de reunirse con su esposo. —Aaaah, deja de chillar, no quiero que nadie te vea con los ojos rojos, escúchame con atención, en el instante en que estés frente a ellos debes saludar de manera cortés; deberás responder solo si así te lo piden. Osvaldo, detente en el hotel a la vuelta. —¿Para qué? —Mi amor, le has prometido una rubia, no puedes llevarle a esta castaña, tiene que pintarse el cabello, no es hermosa como mi Thais, pero pasará la prueba. —¿Qué? No, papá, por favor, no me pinten el cabello, no lo hagas, papá, soy Ameliz, no soy Thais, ellos lo van a entender. —El señor Fisterra no te eligió a ti; de ser así, estuvieras ya en la casa de esa familia. Eligió a mi hermosa Thais; serás ella hasta que logremos arreglar las cosas. —Papá, lo van a notar, por favor, no hagas esto. —Las vio en fotografía, no creo que las recuerde. —Ese es un punto a nuestro favor ante su nombre; conservará su nombre, pero le prometiste a una rubia y una rubia le vamos a dar. Osvaldo ve todo un enredo, una locura ante los caprichos de su esposa, pero no tiene opción de hacerle caso, pues le ha prometido a la rubia y eso tendrán que darle. A regañadientes y con gran dolor, Ameliz permite que pinten su cabello; sus hermosos ojos azules como los de su padre no le causan gran diferencia a Thais, aunque le quitan su esencia, lo que le recuerda a su madre, pues a ella a quien se parece más: su cabello castaño rizado, ojos azules como los de su padre, tez clara y una figura despampanante, a diferencia de Thais, que no tiene mucho seno ni trasero, lo que la diferencia mucho. La están convirtiendo en alguien que no es, un engaño para sustituir a la mimada de su hermana, quien, después de todo, se está saliendo con la suya, le está arrebatando su vida, pero no su esencia, porque por más que lo intente, ella no podrá cambiar su ser interior. Mientras que Ameliz sufre un cambio extremo, Noah lucha por encontrarla; no descansará hasta volver a verla y, junto a Kenya, luchan por entrar a la casa donde no logran encontrar a nadie. —Se casará, Kenya, se va a casar. ¿Por qué no me dijo nada? ¿Por qué? —Tranquilo, Noah, quizás no pudo hacerlo; la vi muy aterrada, pero la vamos a encontrar, no te preocupes, ella nos necesita, no podemos dejarla sola, seguiré intentando hallarla, la ayudaré a volver a ti, ya lo verás.
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