Anais No podía dejar de ver a Dorian sentí mis mejillas arder, el… escucho todo, no es que este no debía ser mi día de suerte, después de tantos sueños mojados con el me dejo llevar por el deseo que sentía y el escucho lo que hice. Mientras el seguía con su sonrisa en el rostro yo no había podido dar un paso más. —Do… Dorian ¿Qué haces aquí? —pregunté, él avanzo hasta mi y yo retrocedí, en sus ojos podía ver un fuego, uno que quería consumirme. —Pasaba por aquí y decidí ver como estabas, me has estado ignorando Anais y no me quedo más que venir a buscarte —su voz sonaba ronca. —No tengo por que responder a tus mensajes Dorian, es mejor mantener nuestra distancia —dije con firmeza, el dio un paso más hacia más y to retrocedí nuevamente. —Anais, se que no quieres esto, no lo niegues

