Mateo se estaba deleitando con el hermoso rostro de Natalia, no puede evitar sentirse atraído por esta mujer luego de tanto tiempo, su anterior esposa era tan parecida a ella, podría ser el motivo de la atracción física que siente.
La tormenta había cesado y los truenos se han acabado, el intento salir de la cama para no molestar la tranquilidad de la mujer, pero Natalia estaba aferrada a su cuerpo, ella no quiere soltarlo, estuvo muy nerviosa por la tormenta y sus caricias la calmaron, sin otra opción que dormir junto a ella, Mateo se quedó ahí a su lado.
Fue tan excitante dormir junto a ella, esa sensación de compañía y tranquilidad que ella le ha otorgado, hizo que el hombre se quedará dormido profundamente, solo al amanecer y con una mañana muy fría, los movimientos de la mujer en busca de calor hicieron que su cuerpo reaccionara, su amigo despertó gracias a ella, Natalia despertó y se dio cuenta de que no estaba durmiendo sola, ella estaba entre los brazos del hombre.
Su cuerpo quedó tieso, dejo de moverse y hasta corto su respiración, no se cree capaz de tocar el cuerpo de Mateo, aunque él la toque por cada rincón de su cuerpo cuando están juntos, ella aún no ha sido capaz de tocar el cuerpo del hombre, no sabe nada de él, intento escapar de la cama, pero Mateo la atrajo más a su cuerpo y su rostro pego con el pecho del hombre.
Con nervios ella se volvió a mover hasta zafarse de los brazos de Mateo, ella se quedó parada frente a la cama, sintiendo miedo, su rostro estaba desencajado y ella está a punto de llorar cuando sintió los brazos del hombre sobre ella, jamás sintió cuando él se levantó.
—Ven a la cama, aún es temprano—
—No me toques—
Mateo necesitaba saber que pasaba por la cabeza de esa hermosa mujer que le gusta de a pocos.
—¿Sientes que te hago daño al tocarte?—
En medio de sus brazos ella puede sentir ese olor a hombre, pero ella no acepta haberse casado con un hombre mayor, era algo que le carcome el alma.
—No quiero tu compañía, quiero irme de aquí —
Mateo la llevo hasta la cama y la sentó, odia escuchar que ella no está feliz ahí.
—No saldrás de aquí, ahora eres mi esposa, debes de cumplir con tu deber—
Él se separó de ella y fue en busca de un cepillo para peinar su cabellera, quiere ayudarla a verse hermosa, regreso y no pidió permiso para suavizar su linda melena.
—Por favor, deja que me vaya a casa—
Mateo estaba tratando de controlar la molestia que lo agobia, ella estaba llamando hogar al convento en dónde su padre la mantuvo encerrada por años.
—Quédate un poco más de tiempo, podríamos conocernos mejor, te prometo que si más adelante sigues sintiendo lo mismo, yo personalmente te llevaré al convento—
Natalia pensó por un momento en la propuesta y sabe muy bien que hoy o mañana, ella seguiría segura de irse de su lado, era obvio que un hombre mayor querría estar a su lado, siendo ella más joven.
—Solo promete no tocarme más, no me gustas y solo siento dolor cuando me tocas—
Mateo hizo una mueca de molestia, ella era la mujer más difícil que había conocido.
—No puedo prometer algo que no cumpliré, eres mi esposa y cada vez que te necesite, te tocaré— El término la frase al mismo tiempo que termino la trenza de su cabello.
Aún sin camisa, el cuerpo de Mateo era un deleite, jamás había pasado por algo así, ella no siente nada de lo que él le haga, se sintió un poco decepcionado de sí mismo
—Has lo que quieras— ella pronunció las palabras con mucha molestia, batió su mano y golpeó al hombre sin querer en el rostro, pero a ella no le causó nada.
Luego de haber pasado una gran noche, Mateo se despierta con la confesión de la mujer, además de sentir en carne propia su desprecio.
—Te espero abajo para desayunar— Mateo le dijo un poco molesto y salió de la habitación.
Mientras que Natalia no pudo evitar llorar de la rabia, había dormido con ese hombre mayor, cada vez que lo tiene cerca le causa repulsión, estaba cayendo en un abismo por la depresión que siente al vivir ahí, ese lugar en donde ella no quiere estar, no tiene más opción que compartir con el de ahora en adelante.
Así que se fue al baño para asear todo su cuerpo, hoy saldría de casa, quiere sentir todo el aire y el ambiente de afuera.
Mateo entró a su habitación molesto y se dio una ducha de agua fría, su amigo estaba tan duro como una roca, no sería un día fácil, así que termino y se fue hasta la puerta de la habitación de Natalia, tiene miedo que ella tropiece y se caiga por las escaleras.
Asombrado al verla salir y caminar con calma hasta el comedor.
—veinticinco— Dijo ella con calma y suave al momento de llegar a la mesa.
Mateo sonrió al darse cuenta de la manera fácil para ella llegar hasta ahí.
—Deja y te ayudo— él corrió la silla para ayudarla a sentarse.
Algo incómoda recibió la ayuda del hombre y se sentó.
Mateo quiso esta vez estar cerca de ella y ayudarla.
—Buenos días, señores, en un momento les sirvió el desayuno— dijo Tomasa al verlos bajar juntos muy emocionada.
Ella debe de servir el té cada vez que su patrona lo ordene, el comedor estuvo en silencio hasta que la comida fue servida, Natalia empezó a comer poco a poco, dejando que casa porción se enfriará un poco, se dio cuenta de que sus huevos estaban sin sal, así que decidió tocar con calma la mesa hasta conseguir el salero, Mateo se dio cuenta y lo coloco en sus manos en salero.
Haciendo que ese contacto estremeciera el cuerpo de Natalia, ella sintió algo extraño y no pudo evitar sujetar con fuerza la mano del hombre y conocerla, ella encontró algo diferente en la mano de Mateo, recorrió la gran cicatriz, se dio cuenta de que sus manos eran más jóvenes de lo que ella pensaba.
—No es nada tranquila—
Ella reaccionó y soltó la mano del hombre, sus caricias hicieron que Mateo mantuviera una erecci*n todo el desayuno.
Natalia sintió que por un momento su vida estaba confundida.