―¿Está bien? ―conseguí escuchar tras un momento. ―¿Quién? ―acerté a preguntar, sin poder ver nada todavía. ―Es sólo una granada aturdidora, ¡no es para tanto! ―respondió una segunda voz con tono sarcástico. ―Una granada, ¿están locos? ―dije molesto tratando de levantarme, cuando me di cuenta de que tenía algo que sujetaba mis manos juntas. ―Cálmese y procure no levantarse, está detenido y lleva bridas de plástico en manos y pies a modo de esposas. ―¿Esposado?, ¿qué he hecho? ―pregunté tratando de frotarme los ojos, para ver si conseguía ver algo. ―¿Qué no ha hecho querrá decir? ―preguntó ese que utilizaba el sarcasmo como forma de hablar. ―¿Le parece bien cargos por obstrucción a la justicia y pertenencia a organización sospechosa de blanqueo de dinero? ―afirmó la voz autoritaria.

