CRUZ Entrelazo mi mano en las hebras castañas de la mujer que tengo entre mis piernas. No voy a mentir: Angy Ángel es una de mis habituales. Tiene claro el trato que manejamos: empleador y empleada, con ciertos "trabajitos extras". Y la verdad, no se puede quejar; le pago demasiado bien por su desempeño laboral y su... dedicación. Me gusta que las mujeres que están cerca de mí se sientan a gusto. Una especie de regla personal. Si me van a dar placer, por lo menos que lo disfruten tanto como yo. —¡Eh, mi amor! —gruño, extasiado por la sensación de su boca cálida deslizándose con maestría—. Vos tenés esa boca exquisita, ¿Sabés? El acento paisa me sale arrastrado, pesado, como si cada palabra saliera envuelta en un suspiro de placer. La alabo porque se lo merece; Angy sabe lo que hace, y

