NIKKI El corazón me latía como un tambor mientras corría por el largo pasillo del ático de Mattia. Tres horas. Solo tres horas nos separaban de nuestro encuentro en ese misterioso restaurante. Al abrir la puerta, la habitación me envolvió en una penumbra suave, interrumpida solo por la luz tenue de la luna que se filtraba por las cortinas. Y ahí, en medio de la cama cubierta con sábanas de seda negra, yacía una enorme caja envuelta en cinta dorada. La curiosidad me consumía. Mis pasos se aceleraron mientras me acercaba a la caja negra. El corazón me palpitaba en el pecho como un pájaro enjaulado. Con dedos temblorosos, desaté la cinta dorada y levanté la tapa. Un jadeo escapó de mis labios. Allí, reposando sobre la seda negra, yacía un vestido midi de satén, tan n***o como la noche. La

