Juan David abrió sus ojos, sintió que la piel se le erizó, la rabia le recorrió la sangre como lava volcánica. «¿Piensa en él? ¡M@dilta sea!» Tensó la mandíbula, el corazón se le rompió en miles de pedazos. A pesar de eso, continuó hasta el final, hasta el instante en el cual ella llegaba al orgasmo gritando el nombre de su hermano. Juan David cerró sus ojos, la embistió con fuerza una y otra vez y de pronto la imagen de Ximena se le vino a la mente, recordó su largo cabello rizado cayendo sobre sus hombros, esa mirada dulce llena de tristeza y melancolía, esos carnosos labios, y ni hablar de su figura, no era tan seductora como Tamara, pero tenía caderas firmes, glúteos redondos, pechos esbeltos, cintura pequeña, piernas bien torneadas. Él llegó a su culmen pensando en su amiga, la a

