Tamara había llevado a Soledad a un lujoso restaurante de comida japonesa. Desde que entraron Sole se sintió incomoda, la decoración del lugar era muy elegante, el tono que más resaltaba era el rojo, combinado con blanco y negr0, había leyendas en japones inscritas en las paredes, varias lamparillas de papel colgaban del techo. —Ven, vamos a sentarnos. —Caminó lento con ayuda de la andadera. Soledad se limitó a seguirla. Entonces tomaron asiento, se acomodaron frente a una mesa. Tamara saludó con varias personas, gente distinguida, y elegante. —Esas personas son muy amigas de la familia Duque, ¿los conoces? —indagó Tamara, miró a Soledad. —No, aún no conozco bien a la familia de Cris, he preferido mantener distancias. —Haces bien, los Duque, son gente importante, algunos de ellos

