Cris avanzó a sostener a Soledad antes que ella se estrellara contra el piso. —¡Una camilla! —solicitó a la enfermera. La mujer obedeció y en cuestión de minutos apareció un camillero, enseguida Cris colocó a Soledad en la camilla, la llevó a urgencias. Soledad tenía la presión muy baja, lograron estabilizarla con una solución de agua azucarada. Cuando abrió los ojos se sentía mareada, entonces recordó el motivo del desmayo. —No voy a dejar que me quite al bebé —expresó agitada, nerviosa, y sollozando. Cris se acercó a ella, la agarró de la mano. —No lo vamos a permitir, tranquila, requiero que te calmes. —La contempló con ternura. Soledad se soltó del agarre de él, clavó su mirada llena de tristeza y decepción en los ojos de Cris. —No confío en tu palabra —declaró, lo obser

